Mis manos rozaron tu cuerpo, estabas allí como sin vida, fría distante, lejana de mí.
Te tenía a unos entímetros de distancia y era como tenerte mil.
Buscaba hablarte romper la distancia, pero el frío entre tu y yo, ya no lo quema ni el sol.
Las rosas no causaban efecto, los chocolate ya no endulzaba a tu más puro desprecio.
Te convertiste en mi tormento sin ningún pretexto.
Yo deseaba calentarte convertirme en tu infierno, pero eras tú quien me tenía como un loco aquí sufriendo.
Que pena la mía cuando descubrí en silencio, que mi vida había pasado en desdicha y sufrimiento, buscando a un amor que no merecía mi sufrimiento.