Ahora se ve más bonita: se descubrió, entendió que no hacían falta muchos arreglos ni gastos superflúos en cirugías y viajes a tiendas y zapaterías… y es que empezó a verse bonita cuando dejó de compararse y de autocompadecerse.
Hoy se ve linda, porque entendió que debía armar sus partes internas que estaban descompuestas. Aprendió a aceptarse tal cual era, con sus defectos, su baja estatura, su ausencia de curvas, con la imperfección de su busto y el pelo revuelto.
Vio la elegancia de su espíritu bondadoso y puso tacones color púrpura a su corazón antes desconsolado y roto. Se revistió el alma de despampanantes lazos rojos y caminó desnuda, con la frente en alto, para pararse a retar al espejo que había sido su peor enemigo hasta hoy.
Y le habló al espejo, con cierto temor pero con seguridad, le contó que había creído que por su culpa, había pasado días y noches tristes y desoladas porque no se sentía cómoda ni contenta con la imagen que él le devolvía.
Se empezó a ver bonita, cuando entendió que el problema no era el espejo, era ella, pero al fin comprendió, que para verse hermosa por fuera, primero debía sentirse bella desde adentro y al hacerlo, descubrió su esencia para componerse en un todo que encajó sus partes, de manera perfecta.
Hoy se sintió bella y abrazó y le dio gracias a ese espejo que un día había detestado.
Hoy se vio bonita… y se vistió de alegrías ante el espejo.
De la mano de Dios.