Tan hermosa y tan lejana
te miró el amor un día
que mi loca fantasía
penetró por tu ventana...
Entonces la filigrana
del temor tejió su enredo
y me susurró un “no puedo”
ignorado por la fe,
porque mi alma sabe que
no hay esperanza sin miedo.
No hay esperanza sin miedo,
porque el miedo es el camino
que desanda el peregrino
con la antorcha de su credo.
Por eso me lancé al ruedo
que diseñó la confianza
en la cumbre donde alcanza
la cautela sus razones,
y gritan los corazones:
"no hay miedo sin esperanza".
No hay miedo sin esperanza
porque la esperanza exhibe
la ilusión de quien convive
apegado a su enseñanza.
En las noches de añoranza
cuando me atormentan más
los presagios de un quizás,
entre caricias, te digo
que te quiero aquí conmigo
y muy pronto aquí estarás.
Y muy pronto aquí estarás
recordándole al pasado
que un amor desesperado
nunca renuncia, jamás.
Ese día entenderás
la pasión con que te evoco,
y que en su delirio loco
cuando un alma se ilusiona
el miedo no la abandona
ni la esperanza tampoco.