Desafiando soledades
me encontré en tus desengaños
y en la alberca de mis años
destilaron tus maldades.
Sumando desigualdades
en mi mundo atribulado
se desbordó el resultado
por el río de la experiencia,
que le gritó a tu conciencia:
“estaré yo bien tarado”.
Estaré yo bien tarado
para deshojar tu risa
amparada en la premisa
de mi corazón chiflado.
Mi ego soliviantado
puso tu ángel al revés,
y en la pirueta soez
huyeron ecos nocivos
sin espacio y sin motivos
para volver otra vez.
Para volver otra vez
a redundar en tu ocaso
es imprescindible el lazo
que enlaza la insensatez.
Olvídate de un después
en tu cielo disecado;
no hay silencio acorralado,
no busques mi andén sumiso,
que se fue solo el hechizo
adonde solo ha quedado.
Adonde solo ha quedado
el residuo de un suspiro
se fue el mirar que no miro
por el sendero abreviado.
En tu espíritu tiznado
la cordura dio un traspiés…
y anhelando el palmarés
donde reina la alegría
tuvieron una porfía
tu orgullo y mi lucidez.