No me digas más
“quédate en casa”
que estoy cansado
de ser virtual.
Cien megapíxeles refulgentes
jamás sustituyen
el roce de tu cuerpo
encriptado en la emoción
desesperada de mi piel,
y ya mi memoria se quedó sin espacio
para descargar
tanta ausencia.
No me digas más
“quédate en casa…”
no quiero más retazos de ti
titilando en pantalla.
Las redes cibernéticas
no vencen las distancias,
son pálidas ilusiones
para aplacar sentimientos
que aceptan el consuelo,
pero se quedan con la urgencia
del fuego encantador
iluminando el cielo donde no puedo estar.
No me digas más
“quédate en casa”
porque quiero seguir
colonizando tus rincones,
despojarlos del miedo
que se lleva mis besos
fundirme como antes en los suspiros trémulos
del placer que reposa
cuando vuelves en mí.
No me digas más
“quédate en casa,”
que mi casa eres tú
y no estoy en casa.