Miro las manos vacías otra vez.
Las monedas que no alcanzan.
La cazuela en espera, y el arroz otra vez subió de precio.
La luz se va sin avisar.
La guagua pasa cuando puede.
Otras cuando quiere.
El pan que falta pesa más
que los discursos.
La cola que no avanza,
el calor abrazador,
y el mismo ruido de siempre
en una casa que espera.
No me digas de anuncios,
sanciones o advertencias.
Con el sabor del penúltimo Cafe,
y el aroma de un Habano.
Tengo que sobrevivir otra noche,
y aún así, aquí sigo.
A flote, aunque sea en vilo.
