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El vagabundo ausente es otra clase de vagabundo. Ausente en su reflexión harapienta y luego, luego, luego...el retorno. De pie sobre segundas intenciones, fulgor y tristeza en la mirada sabe, sabe que este es su tiempo y su restaurador oficio. El
OFICIO DE VAGABUNDO (XXI)
Te vas a ir acostumbrando al otro
desgarrón, al otro.
Tú presumes de nieve arrodillada,
de volver sin lo herido,
sin la huella
doble y acá el error de los columpios.
Sucede tu cansancio. Te despojas
con mansedumbre de los
trapos sucios.
La colmena del mundo significa,
invade tanta cólera
tus huesos.
Y de dónde te buscan. Dime dónde
la nube va a iniciar
su rito, su
decapitación de la nostalgia.
Te vas a ir acostumbrando. En ti
no hay un fragmento
que te diga adiós.
Solo tú, solo tú, gran sufridor
prepara, cuando puedas, los fogones
o dale de comer a un perro muerto,
o excusa a tu algodón de los
difuntos.
Te vas a ir con la sonrisa en ristre.
A media asta encontrarán
tu nombre
y tu hambre, tu leve olor a invierno.
Tú eres yo y nos morimos
en la íntima
farándula que orquestan los impulsos.
Son ciegos. Tienen rabia los impulsos,
se reúnen de dos en dos, promulgan
un decreto que arde y que nos tienta.
Yo no sé qué favor me hacen las horas,
qué milagro esperar en las paredes
donde se ubican mis enfermas
noches.
Te vas
a ir
acostumbrando
al otro,
al que se fue de ti
y ahora es silencio.