Foto propia
OFICIO DE VAGABUNDO (XXVII)
Que yo recuerde había un limonero:
él respetaba mi quietud. Atrás
de los jirones donde estuvo el aire
una tristeza fue como el anuncio
de la amargura. Yo, ¿quién fui? ¿Quién vino
con la punta de todos los puñales
a devorar la calma? Ya no existen
el limonero con mi sombra encima
ni el pozo que una vez odió a mi madre.
De cuál patria yo soy a nadie importa.
Los restos de la muerte me confunden
y me confundo en mí. Y este cadáver
que hilvana otro poema causa espanto.
El escozor de los minutos puede
significar lo frágil, Io perdido,
invadir mis sedientos lagrimales.
De súbito me ahuyentan, me reclaman
como a animal civil. No brillan hoy
las luces que inventé, las onerosas
canciones que pudieron ser, pudieron...
La destrucción enorme trenza un lazo.
Ladra mi soledad negros desplantes.
Duérmete ya. Dormita, vagabundo,
busca tu libre sitio en la nostalgia.