La décima número diez se abre con un gesto cotidiano —el llanto al cortar una cebolla— y lo transforma en símbolo de fragilidad y memoria. El escriba dialoga con Neruda, con la tristeza heredada, con la usura mediocre de la vida diaria. La pregunta final, dirigida a Dios, convierte la confesión en juicio: ¿nacer como hombre bueno es destino o condena?
X
He llorado al cortar una cebolla
sobre un libro con versos de Neruda.
¿Qué síndrome padece quien saluda
su tristeza de ayer? ¿Quién desenrolla
otro cordón fatídico? En la olla
del aquelarre se cocina un trueno
y su relámpago. Mañana estreno
remolinos, tarjetas para el uso
de la mediocre usura. ¿Dios dispuso
que yo naciera como un hombre bueno?
🌎** [ENGLISH VERSION]**
X
I have wept while cutting an onion
over a book with Neruda’s verses.
What syndrome afflicts the one who greets
his sadness of yesterday? Who unrolls
another fatal cord? In the cauldron
of the coven a thunder is cooking
and its lightning. Tomorrow I debut
whirlwinds, cards for the use
of mediocre usury. Did God decree
that I be born as a good man?
El último discurso del escriba (Epílogo del ciclo I–X)
Diez décimas han trazado el mapa de un discurso final. El escriba ha hablado de amor como mendicidad, de muerte como vecina constante, de memoria como danza imposible. Cada poema ha sido confesión y sentencia, brizna y herida.
El ciclo no concluye en silencio: se clausura como rito. La voz del escriba, fatigada y lúcida, entrega su legado en versos octosílabos que se aferran a la tradición y la transforman en testamento. La serie se convierte en espejo de lo humano: deseo, pérdida, dignidad.
Este epílogo no borra lo dicho: lo consagra. Las diez décimas son ahora un cuerpo completo, un discurso que se alza contra el olvido y que invita al lector a continuar la lectura como quien acompaña un juicio íntimo.
Publicado en la comunidad Literatos (
) como parte de la serie poética El último discurso del escriba, por
.