Foto propia
No sé cuántas veces se cruza la poesía en mi camino. Ley inviolable en mi corazón: la urgencia. ¿Por qué los versos nunca se detienen? Por eso estoy aquí, con los amigos. Con Literatos la familia y, día a día este
OFICIO DE VAGABUNDO (XVII)
Aquí el invierno empieza a darnos voces.
Un día como hoy murió mi sombra
y la miro otra vez por los cristales
de una vitrina
que
me exhibe en calma.
Quiero cederle toda la agonía
de mis crepúsculos
a una piedra, a una
buena intención, una silente
manera de llorar.
Un día como hoy no tengo a nadie
en la tos, en los ruidos de mis nervios,
en el cigarro que ilumina al mundo
en miniatura de mis ojos tristes.
Y aquí el infierno empieza
a masticarse.
Y yo recuerdo que nací dos veces, tres veces, cuatro... que he mentido,
que la crueldad me gusta. Soy su novio,
su fragmento de losa y su plegaria.
Pero vamos a ver de qué país
me caen otras nubes y otros soles,
alguna defunción que hace catarsis
para creerme
el rey,
el vagabundo,
para un perfume de ilusión amarga.
Vamos a ser
lo que yo digo y punto.
Porque ya tuve el agua sin océanos
y
una
serena
cicatriz
de aire.