Este año pasé mucho tiempo leyendo. Debido a eso y a mis ocupaciones me desentendí un poco de la escritura en todos sus ámbitos. Aunque puedo decir que no me arrepiento porque antes que nada soy lector más que cualquier otra cosa.
Por eso lamento mucho lo que está pasando en la comunidad lectora y en lo que se ve en las redes sociales sobre el consumo de la lectura.
Digo consumo y no hábito porque ahora se ve precisamente eso. En diversas redes sociales se nota que vale más la cantidad de lo leído que su calidad. Se han creado cientos de retos lectores que, a mi criterio, no valoran el arte de la lectura, sino cuántas páginas y libros has leído durante el año.
En este sentido se sacrifica la calidad y también la comprensión lectora. Parece que lo que importa es que cumplas con una cuota, y si esto se le agrega el hecho de tener que leer entre cincuenta a cien páginas al día para cumplir con el reto, se sacrifica la capacidad de análisis, de crítica y de disfrute.
Porque si algo que deja el apuro es el cansancio, en el caso de estos "superlectores" no puedo imaginar lo abrumado que se pueden sentir para cumplir con esa gran cantidad de cuotas, y más si tienen que subir reseñas o impresiones que leen en las redes sociales. Se pueden ver en plataformas como tiktok videos de gente que dicen haber leído hasta 200 libros en un año, y desde mi punto de vista, o leen cosas muy cortas o son obras monotemáticas e intrascendentes.
Antes dije que leer es un arte. Y sí, todo lector debe disfrutar de lo que lee, y leer con paciencia. Sin embargo, la paciencia es lo que menos abunda. ¿En cuánto tiempo se puede leer un libro? ¿Un día? ¿Una semana? ¿Un mes?
Hay lecturas que son ligeras y hasta se pueden leer en un día; hay otras a las que se les debe dedicar tiempo. No se puede pretender leer, por ejemplo, El Quijote en tres días porque es imposible; y si se leyera, ¿Qué quedaría? ¿Qué recordaría ese lector de las aventuras de Don Quijote y Sancho?
Recuerdo que una vez por ese afán juvenil de querer leer de todo y más rápido me propuse leer en un día Fausto, de Goethe. Empecé con la lectura a eso de las siete de la mañana. Hice pausas breves para ir al baño y comer. Todo el día leyendo, devorando palabras y palabras. A eso de las ocho o nueve cerré el libro, y di por finalizado mi reto particular.
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Sin embargo, una vez finalizada la lectura y tratando de recordar lo que había leído, me di cuenta que en realidad no leí, que no se me quedó nada grabado. Que en realidad no disfruté la lectura.
Y es que no hay que ir con prisa. Tampoco es importante leer 100 libros al año, y mucho menos leer lo que está de moda, el último premio literario del que todos hablan o la saga que se convertirá próximamente en serie.
Leer con calma, temprano en la mañana, a media tarde o en la noche. Leer y escribir sobre lo que se lee. Subrayar, detenerse a pensar, retroceder ante una frase impactante, ante algo que vivió un personaje. Llorar o reír. Saltar por la revelación o el giro que no se esperaba.
Leer para uno mismo, para ser feliz. Esa es la finalidad de la lectura. Para conocernos un poco mejor y tal vez ampliar nuestra visión del mundo. Leer con paciencia, para el disfrute y que tu mundo se detenga mientras que allá afuera todo sigue girando.