Hablar de Madame Bovary es igual a hablar de la búsqueda de la perfección. Es bien sabido que el escritor francés le dedicó varios años a la escritura de esta novela, y cuando la publicó fue a juicio por inmoral. Madame Bovary destaca no solo por sus personajes bien creados, también por el estilo y la forma de narrar. Flaubert fue un escritor de esos que buscaban la palabra justa, evitaba la cacofonía y no le gustaba repetir. Así tenemos una prosa fluida, narraciones asombrosas y un interesante coro de voces donde resalta su personaje principal, Emma.
Pero me quiero detener un poco más en las narraciones porque Flaubert tenía un poder peculiar para la descripción. Por ejemplo, cuando Charles Bovary llega a casa de papá Roualult, la descripción de la escena es muy cinematográfica.
La luz que bajaba por la chimenea, aterciopelando el hollín de la placa, coloreaba con un tono azulado las frías cenizas. Entre la ventana y el hogar, Emma cosía; no llevaba pañoleta y en sus hombros desnudos se veían gotitas de sudor (p.36)
Así se detiene en varias descripciones, como cuando habla de la feria agropecuaria unos capítulos más adelante y en donde Rodolphe la pretende... ¡Pero un momento! Me estoy yendo muy tirando de los pelos, o como sea que se diga la frase, y no he hablado ni de su autor ni de la trama del libro.
Gustave Flaubert (Francia, 1821-1880) fue un escritor francés creador de obras como Salambó, Bouvard y Pecuchet, La educación sentimental, y la novela que nos ocupa, Madame Bovary, publicada en 1856. Esto en cuanto a novelas, ya que también escribió ensayos y cuentos.
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Aunque fue publicada en 1856, Madame Bovary comenzó a gestarse unos años atrás, y su proceso de escritura llevó unos cinco años -comenzó su escritura en 1851 y la terminó en 1856- tal como lo señala Vargas Llosa en su libro La orgía perpetua, en donde el escritor peruano hace una radiografía de este libro.
Tal como lo señala el título, el libro cuenta la historia de una mujer, Emma, quien se casa con el médico rural Charles Bovary, y así pasa a ser Madame Bovary. Todo comenzó cuando Charles, después de graduarse de médico y de casarse con una viuda cuarentona, va a atender una pierna rota. Así conoce al señor Rouault y a su hija, Emma, de quien Charles queda prendado.
La educación de la joven Emma es más que todo, si se quiere, literaria, pues durante su estancia en el convento en el que estudio, a pesar de la prohibición, leía libros, sobre todo historias románticas. Así que se hace una idea de cómo debería ser el amor y las pasiones que deberían regir la vida de los enamorados. Al morir su esposa, Charles comienza a frecuentar la granja del señor Rouault, y así comienza a cortejar a Emma. El señor Rouault ve con buenos ojos esta unión, aunque piensa que Charles no es un hombre de grandes visiones y mucho menos ambicioso.
Esto queda evidente cuando comienza su vida matrimonial con Emma. Primero viven Tostes, y luego se mudan a Yonville. A todas estas Emma se da cuenta que su vida con Charles no era lo que ella pensaba o imaginaba, incluso se arrepiente de haberse casado. No era un amor romántico, heroico, como ella lo imaginaba. Charles era un hombre simple, sin atenciones. Así, Emma comienza a aburrirse, y se entretiene leyendo libros.
Su vida cambia en Yonville. Allí conoce, primero a León y luego a Rodolphe, dos hombres que serán importantes para el desarrollo de esta historia. Madame Bovary no es una historia de amor, sino de adulterio. Por eso Flaubert fue llevado a juicio.
Si algo tienen las telenovelas latinoamericanas, en su conjunto, sin hacer mención a alguna en específico, es esa pulsión que combina romance, triángulos amorosos, engaños, tragedia y adulterios. Flaubert no quiso retratar la vida de una mujer dulce y abnegada, que sufre por encontrar el amor verdadero. En Madame Bovary encontramos el desengaño de una joven que quiere vivir de acuerdo a los ideales que había leído en los libros, y al no llenar sus expectativas, al verse privada de sus propios deseos, sucumbe (léase esto como narrador de comercial de telenovelas) ante el anhelo de pasión y aventura.
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Así es como se configuran las telenovelas latinoamericanas. Abunda el melodrama, los equívocos y las historias de amor y desamor y también el sexo, ya sea implícito o explícito. Porque en Madame Bovary hay mucho de eso, aunque nunca se llegue a nombrar.
Está el galán, el hombre guapo de mundo, refinado y culto. el llamado héroe de la historia. Por otro lado, el hombre bueno pero simple, el esposo que no comprende a la protagonista y por eso se ve impulsada a arrojarse a los brazos de la pasión. Engaño, traición, intriga, todo esto lo podrán encontrar en estas páginas que estuvieron a punto de perecer quemadas en la hoguera del juicio moral.
Nota: Estos son apuntes sueltos sobre un texto más extenso que estoy elaborando sobre la relación entre Madame Bovary y las telenovelas latinoamericanas. Cabe señalar que la novela ha tenido varias adaptaciones cinematográficas.
Bibliografía
Flaubert, Gustave. Madame Bovary. Siruela
Vargas Llosa, Mario. La orgía perpetua. Alfaguara