A veces creemos que ver es suficiente.
Otras veces pensamos que solo la razón nos salva.
Pero también hay días —como este— en los que entendemos que la fe, el amor y la incompletud conviven en un mismo latido.
Hoy escribí este diálogo desde ese lugar.
I
—Debo creer en lo que veo.
—¿Seguro? Mejor cree en lo que piensas.
—Mis ideas son vulnerables, te lo juro. Confío más en las imágenes que en la razón.
—Es peligroso, ¿no?
—Lo es. Dios es mi guía, mi proveedor y mi protector.
—Con eso basta, con el corazón.
II
—Tardaste en ser, pero te amo.
—Bueno, aún no me sé completa. Apenas 60 años.
—¿Y qué más quieres?
—Jaja… un número más redondo y completo.
—¿De 360 grados?
—Nooo, me conformo con un horizonte de 180.
No siempre estamos listos del todo.
No siempre entendemos todo.
Y aun así, el amor llega.
La fe acompaña.
Y el horizonte, aunque sea de 180 grados, sigue siendo horizonte.
Gracias por leerme hasta aquí.
¿Tú en qué confías más: en lo que ves… o en lo que sientes?