Volver a la realidad
Duééérmete, duééérmete, niño,
que mañana jugarás en la escuela
te va a gustar saludar a tus amigos,
aprenderás el juego del escondido
¡Ssssshhhh!, ssssshhh, se durmió. Se llama Leonardo, pero yo le digo, León, porque quiero que sea fuerte, aunque está flaco y no he podido llevarlo al médico; claro, apenas gano para darle de comer a él, a mis viejos y para mí, aunque a mí el hambre no me molesta, la escondo y mi arepa se la doy a él, que no ha aprendido a esconder el hambre. Se llama como su padre, que se fue del país hace cinco años y lo desconoce.
Ahora que duerme, aprovecharé para viajar, me nutre ir a esos mundos de la imaginación como cuando era niña y leía historias de hadas y de viajes con seres fantásticos, cómo me ayudó la imaginación a ser feliz cuando niña; luego quise ser actriz y mis padres estaban contentos porque su sueldo de jubilados le alcanzaba para pagarme residencia, comida, pero vino la pobreza para los pobres y ya no pudieron más, el sueldo no les alcanzó y tuvieron que traerme a casa y ahí fue cuando me enamoré y me casé.
Ahora luchó por mi León, por mis viejos jubilados, por mí; por eso necesito encender nuevamente la chispa de la imaginación, sé qué ella está ahí, en algún rincón de mi corazón, esperando para que la encienda como cuando era niña y leía, como cuando era adolescente y estudiaba, ahora la necesito para poder cargar todo el peso de mi realidad.
¡Oh!, ¡sí! eres tú, sabía que vendrías, te escucho, refrescas mis angustias con tus inviernos, bajo mi madriguera te recibo, junto a mí está el Conejo Blanco, la reina duerme al lado de su corazón, ya no quiere cortarme la cabeza; es hermoso que estén todos; tú, Liebre de Abril, Sombrerero, Oruga azul, el Gato de Cheshire y tú, mi León, que siempre me mientes y hasta que yo no lea, no te quedas rendido.
Sssssshhh, ahora sí se durmió; y a mí me toca volver a la realidad.
