Salió del baño, aún con el cabello mojado y la toalla enrollada en su cintura; se arodilló junto al catre donde había estado durmiendo los últimos meses, tomó una bocanada de aire como quien va a sumergirse bajo el agua, y posó sus ojos sobre la mochila de viejero.
Hay momentos en la vida de un hombre, cuando tiene que decidir entre continuar viviendo una vida de mentiras o tirar todo a la mierda y largarse.
Lentamente se quitó el rostro y lo dobló con cuidado, guardándolo en su mochila entre los pocos trapos que le quedaba, asegurándose de no arrugarlo, ya que seguramente podría necesitarlo más adelante, en algún lugar distante y desconocido.
Era inevitable, pues la mascara de hombre amoroso, tierno y comprensivo hacía rato que había dejado de funcionar con la última incauta que había caído en sus garras.
Se vistió en silencio y sin rostro, y salió cerrando la puerta con un golpe seco tras de sí.
Juliana permaneció sentada impávida en la barra del comedor, mirando profundamente su taza, quizá con la esperanza de ver su futuro en el asiento del café.
Se cuestionaba el no haberse dado cuenta a tiempo de las múltiples falsas caras del hombre con quien había compartido los últimos años; el mismo que la había sacado de su lugar de origen y llevado a una tierra extraña y ajena, donde su soledad la había hecho aferrarse a él, a pesar de la mentira y la manipulación en que se había convertido la relación.
Y no es que no hubiesen habido señales desde el principio, pero cuando el corazón y los sueños se imponen a la razón, es muy difícil poder ver la realidad que se oculta detrás de las máscaras.
Recordó las palabras de su mejor amigo, que siempre le decía que necesitaba lentes para ver mejor a los hombres con los que congeniaba; casi todos escorpianos y definitivamente cada uno más psicópata que el otro.
Quizá las cosas no eran tan así, como decía su exagerado amigo, pero definitivamente sus elecciones en la vida no habían sido las más acertadas.
-Será verdad eso que dicen sobre la Ley de la atracción- se preguntaba sin voltear a ver lo que sucedía en su entorno, ¿acaso ella también tenía sus propias máscaras que había ido construyendo como medida de autoprotección?
Los chinos suelen decir que en toda relación de pareja interactuan cuatro personalidades: lo que somos, lo que mostramos, lo que vemos y lo que hay detrás de lo que vemos.
Cómo saber lo que es real y lo que es una apariencia, si vivimos cegados por lo que deseamos ver; deslumbrados por el brillo de lo que nos quieren mostrar, y aturdidos por creer, o querer creer, que los sueños se están haciendo realidad.
Ese hombre, por un tiempo le había mostrado lo que ella quería ver; le había inculcado la idea de que junto a él podría hacer realidad su sueño de independencia y crecimiento personal; pero día a día fue construyendo una relación de dependencia, restricciones, manipulación y control, haciéndola sentir insegura, temerosa y culpable. Y no puede haber amor donde no hay libertad ni respeto.
En varias oportunidades había querido separarse, pero el miedo a la soledad y a la incapacidad de valerse por sí misma la terminaba manteniendo atada a ese vínculo dañino y pernicioso.
Este tipo de relaciones no terminan hasta que se tiene el valor de anteponer el autorespeto y la dignidad, a la falsa sensación de seguridad y compañía. Y ese día por fin había llegado.
Tan solo bastó un: "no más, te quiero fuera de mi vida, entrégame las llaves, y déjame la vida en paz".
Al percatarse de que estaba sola, que su torturador por fin se había marchado, sintió un gran alivio, al tiempo que un vacío se apoderó de ella, experimentando por un momento algo parecido a lo que Kundera llama la insoportable levedad del ser.
Juliana se levantó de su silla, se dirigió al guardaropa y abrió la maleta con la que había llegado de su pueblo. Del fondo sacó una mascara, la colocó sobre su rostro y salió sin rumbo fijo, sin planes y sin expectativas.
Afuera, el desfile de carnaval ya había comenzado.
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CONCURSO DE RELATOS DE LITERATOS: "La máscara: el rostro oculto"
Se participará con un relato en el tema La máscara. El escritor podrá proponer una historia cuya narrativa cree una atmósfera de misterio con un desenlace inesperado o un relato fantástico
Su extensión mínima será de 700, y la máxima de 850 palabras.
Debe estar escrito en español.