Desgraciado quien no haya amado más que cuerpos, formas y apariencias. La muerte le arrebatara todo. Procurad amar las almas y un día las volveréis a encontrar.”
Victor Hugo
¿Creen que siempre fui así? Pues déjenme decirles que no.
Yo también fui hermosa y deseada, desbordando alegría y diversión. Usaba las mejores ropas y mi piel era como de porcelana. Era la favorita entre todas, pues mi belleza física era mi mejor –por no decir único– atributo.
Mi naturaleza no me permitió cultivar un espíritu, ni una personalidad cautivadora que me hiciera diferenciarme entre las demás, más allá de mi aspecto físico; pero nunca le di importancia porque estaba segura de que mi belleza sería imperecedera.
¡Cuán equivocada estaba!
No voy a negar que tuve mis momentos felices, llenos de gloria y esplendor, que ahora son solo recuerdos dentro de una cabeza vacía y un cuerpo inerte; porque el tiempo que todo lo da y todo lo quita, se ensañó contra mí, de la manera más dura que una fémina pueda experimentar.
Un trágico día, mientras jugaba a ser feliz y a hacer feliz, tórpidamente caí al suelo y me rompí, deteriorando eso que me hacía deseable y elegible: mi preciado cuerpo.
Sin una pierna y con la cabeza rota, intenté seguir siendo atractiva coqueteando como de costumbre, pero ya había perdido la gracia. Rápidamente fui relegada y reemplazada por otra más joven y moderna.
Es difícil aceptar la realidad, cuando ya no tenemos nada que dar y ha llegado el final.
Quisiera poder decir que soy una mujer inteligente, independiente y empoderada, a quien no le importa si es querida o ignorada; pero, la verdad es que no soy como ustedes y sí me importa lo que piensen de mí; después de todo, solo soy una muñeca fea.
--Texto de mi autoría E.Rivera--
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Fuentes:
Fotos de mi propiedad
Gif editado en CapCut
PD: La muñeca modelo es la protagonista real de la historia luego de que su dueña la abandonara por estar rota y fea.