Hoy, por primera vez, envidio al cielo.
Dicen que está de fiesta
y, sin embargo, soy yo
quien quiere celebrarte,
como antes,
como en cada cumpleaños compartido.
Decían que sumabas un año más de vida,
pero era la vida, en su silencio,
la que te iba restando tiempo.
¿Existen palabras para explicar lo que siento?
Si no existen, trataré de crearlas.
¡Papito, te me fuiste como se escapa la luz entre los dedos!
Tan rápido,
que el tiempo no alcanzó a despedirse de nosotros.
Y dicen que era suficiente
¡como si “lo suficiente” pudiera abrazar tu ausencia!,
¡como si la vida midiera en números
lo inmenso de un alma buena!
Mi mente aún te espera.
Se aferra, necia, a la ilusión de un sueño,
a que en cualquier instante volverás y me abrazaras como siempre.
¡Papito, abrázame y no me sueltes!
Te gritaba el alma
mientras el silencio me enseñaba a soltarte.
Porque partir no fue irte,
fue convertirte en distancia,
en un viaje sin regreso
donde mis pasos ya no podían alcanzarte.
¡Quédate conmigo!,
suplicaba mi alma,
mientras veía cómo el cielo
reclamaba tu presencia.
Mi amor por ti
fue mi escudo en la tormenta;
pero tú,
tú fuiste tormenta y refugio
hasta el último latido.
Hoy te nombro en el aire,
en la ausencia que pesa,
en cada rincón donde ya no estás
y, sin embargo, permaneces.
¡Porque amarte no entiende de ausencia ni olvido!,
¡porque perderte no borra todo lo que has sido!
¿Cómo no decir que te amo,
que te amé y que te amaré eternamente?
Fuiste mi todo.
¿Cómo no decir que te extraño?
Habitas en cada uno de mis recuerdos.
Y aunque hoy habitemos en lugares distintos,
mi amor no se acaba
Porque la eternidad no es una despedida,
sino un hasta siempre.
Te amo hasta la eternidad
Poema de verso libre, inédita, dedicada al amor de mi vida: mi padre. Imagen creada en canva pro.