Al recibir el Diagnóstico Terminal, la Corporación le ofreció la Solución Eterna: el Escenario Final. Un mundo digital perfecto, creado a su medida, donde su conciencia viviría para siempre, libre de dolor, enfermedad y fealdad.
Lucas, escéptico pero sin alternativas, firmó. Eligió un paraíso simple: una cabaña junto a un lago cristalino, bosques eternamente verdes, un cielo siempre despejado y un clima de perpetua primavera.
Los primeros días fueron un suspiro de alivio. La belleza era absoluta. Pero a las semanas, la perfección comenzó a cerrarse sobre él como una cárcel de seda.
Cada amanecer era idéntico al anterior.
El mismo pájaro cantaba en la misma rama a las 07:14:03.
La misma brisa mecía las mismas flores.
No había mal tiempo que esperar, ni sorpresa que anhelar, ni imperfecto que diera textura a la realidad.
Era la monotonía más exquisita jamás diseñada.
Al mes, mirando el lago cuya superficie nunca tenía una onda fuera de lugar, un hastío profundo, visceral, le estalló en el pecho. Alzó los brazos al cielo impecable y gritó con toda su alma digital:
¡Esto no es vida! ¡Es un catálogo!
¡Quiero algo real, aunque duela!
El grito resonó y, de pronto, el mundo perfecto se congeló. Los colores se desvanecieron a un tono de gris plano, el color de una pantalla apagada. Ante él, con un parpadeo lumínico, apareció una ventana de sistema:
[ADMIN] Solicitud recibida: Abandonar Escenario Final.
Estado de la Red: Consumo Crítico.
RC disponibles: 0.8%
Procesos en cola: 3,266.
--
Para proceder se requiere:
-Reasignación masiva de RC
-Pausa indefinida de los 3,266 procesos en espera.
--
¿Desea continuar?
🟩 Confirmar 🟥 Cancelar
Tiempo restante: 🟩 10…9…8…7…6…
Lucas leyó los datos fríos. Su paraíso, aquel que había anhelado como refugio eterno, funcionaba porque otros 3,266 no podían ni siquiera entrar. Su monotonía era el lujo de unos pocos, sostenido por la exclusión de muchos.
Y escapar de ella no era un derecho, sino una transacción ética con la infraestructura del sueño.
Sonrió, por primera vez desde su llegada, con un destello de amarga lucidez. La verdadera perfección, comprendió ahora, no estaba en el lago inmutable, sino en el caos impredecible de lo real.
Su dedo se quedó suspendido entre las dos opciones, mientras la cuenta regresiva seguía su curso.
Vivo de las grietas.
Porque cuando todo encaja perfecto,
ya no queda espacio para meter la mano y sentir que existo.
¿Qué habrías pulsado tú?
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