La vida, una sombrilla es al revés
abierta y que nos guarda la llovizna.
La vida es ver cortar fina la brizna
Y cuidarnos del filo y el envés.
Si subes la sombrilla a la cabeza
no podrás ver del cielo el arcoíris,
ni el pequeño universo desde el iris
del más pobre o que viva en la realeza.
La sombrilla que cura y que nos salva
de la embestida burda y a mansalva,
de lo que poco vale y mucho brilla.
De la maldad reinante y que me abrasa.
Y yo no sé, mi Dios, qué es lo que pasa.
Solo sé: necesito mi sombrilla.
Soneto, regalo de Abel Guelmes.