Capítulo 01.3
Me incorporé en la cama con un jadeo ahogado, sintiendo un dolor agudo y punzante en el pecho, como si la caída del sueño me hubiera dejado una contusión real. Mi cuerpo entero estaba empapado en sudor frío, y las sábanas se sentían pegajosas contra mi piel. Me llevé una mano a la cabeza, intentando detener el eco ensordecedor de los tambores que aún resonaban en mis sienes. No era mi corazón. Era el trauma del despertar.
"Solo es un sueño," musité, mi voz temblando a pesar de la firmeza que intentaba proyectar. "Solo fue una pesadilla, producto del estrés y el cansancio."
La oscuridad era densa, pero familiar. Me froté los ojos con las palmas y revisé la habitación. El ventilador, el escritorio lleno de bocetos de arquitectura, la ropa tirada. Todo en su lugar. No había laberintos, ni muros de arbustos, ni la figura sombría del perseguidor. Era real. Estaba a salvo.
Me levanté y caminé a tientas hacia la cocina. El piso frío bajo mis pies fue un ancla bienvenida. Bebí agua directamente del grifo, a grandes tragos, intentando lavar la sensación de fango y miedo de mi garganta.
La necesidad de ayuda, el pensamiento desespe.
capitulo 01.4
Cerré los ojos, pero mi mente seguía en el torbellino. Volví a escuchar, a lo lejos, esos pasos pesados, lentos, pero con una cadencia que me perforaba el oído.
¡Pof! ¡Pof! ¡Pof!...
Intenté ignorarlos. Estoy despierto, estoy en mi cama, me repetía. Pero el ritmo era implacable y el silencio de mi habitación solo lo amplificaba. Mis ojos se abrieron de golpe, pero la oscuridad era total. Apreté los párpados con fuerza, intentando borrar el sonido.
¡Pof!... ¡Pof!... ¡Pof!...
Ya no estaba en mi habitación. Estaba en el laberinto de arbustos, sintiendo de nuevo la húmeda vereda bajo mis pies. La respiración se me aceleró, comprendiendo con una punzada helada que había vuelto. Había vuelto a ser la presa.
Empecé a correr, pero el césped era interminable. Sentía la mirada sobre mi cuello, justo donde se habían reunido las gotas de sudor en la vereda. Corría tan rápido que las paredes del laberinto y el piso empezaron a girar en sentido contrario, más veloces de lo que podía avanzar. Cuanto más me esforzaba, más retrocedía. Parecía que todo a mi alrededor estaba a favor de mi perseguidor, de eso.
Estaba por alcanzarme. Podía sentir el calor de su presencia justo detrás, el aliento invisible.
De pronto, un grito. Una voz potente, desconocida, me gritaba: —¡DESPIERTA!
La voz era tan real que caí boca abajo en el suelo, pero ya no sentía pasto ni barro. Sentí la dura superficie de mi colchón, mi cara aplastada contra la almohada. Quise moverme. Quise incorporarme.
No pude.
Estaba completamente paralizado. Apenas un hormigueo débil en la punta de mis dedos y los sollozos de mi respiración ahogada. En mi cabeza, solo se escuchaba el redoblar de tambores que imitaban mi corazón alterado. No podía hacer nada.
Necesito ayuda, pensé desesperado. ¿De quién?, me pregunté. No sé, pero la necesito.
Parte final del capitulo uno el próximo viernes. ¡No te lo pierdas!