Contraproducente tristeza,
que llegas para hacerme feliz.
Eres la madre de mis versos,
hermana de mi bienestar.
Eres la culpable de que no quiera
ser feliz como cualquiera.
Si te vas, no podiera
escribir algo así
con ese frenesí cuando tomo la pluma.
Me inspiras como ninguna
a sentir, a expresar
algo que la alegría no puede.
Y preguntas qué sucede.
Estás siendo permanente
y soy mucho por eso,
porque en los mejores versos
tú estuviste presente.
Gracias por leerme. Un saludo cordial a todos.