El Sendero Oculto
Desde que su madre había ascendido al cielo, Clara se sentía sola y desamparada. Su vida era rutinaria y aburrida, iba del trabajo a su casa y de esta al trabajo. Un día un joven de aspecto extraño y sonrisa torcida, le dio un folleto en la calle, que promocionaba vacaciones a sitios exóticos. Clara nunca se tomaba vacaciones, sin embargo se sintió atraída por la imagen de una isla paradisíaca. Dos semanas después, no podía dejar de soñar con la isla y decidió que ya era hora de tomarse un descanso.
La mujer que de la agencia de viajes la atendió con amabilidad y le proporcionó todo la información que necesitaba. “La Isla Margarita” era un buen lugar para vacacionar si lo que buscabas era tranquilidad, no obstante le previno que no debía alejarse del pueblo turístico. Clara, emocionada, apenas la escuchó y aceptó el viaje.
Cuando llegó a la isla, el sol brillaba y el sonido de las olas le llenaba el corazón de alegría. Pronto recorrió todo el pueblo caminando y al tercer día conocía todas sus esquinas, por lo que decidió alejarse camino al bosque, había olvidado por completo la advertencia de la mujer. Mientras exploraba, encontró un sendero oculto detrás de unos árboles que la llevó dentro del espeso bosque. Era un lugar extraño; flores de colores brillantes, nunca antes vistas, adornaban el suelo. Las flores parecían moverse suavemente, como si estuvieran danzando al ritmo de una música que solo ellas podían oír.
Clara, intrigada, se adentró más en el bosque. De repente, escuchó un susurro, leve pero claro. "Clara" decía una voz susurrante, parecía provenir de las flores mismas. "Clara" repetía, como un eco que la llamaba. La joven comenzó a sentir un escalofrío correr por su espalda, pero también una curiosidad irresistible. ¿Quién o qué la estaba llamando?
A medida que caminaba, las flores comenzaron a cambiar. Ya no eran solo hermosas, se veían cada vez más inusuales y extrañas, con tintes que brillaban en la sombra. Algunos pétalos parecían abrirse y cerrarse en un gesto casi humano, como si la estuvieran observando. Clara, aunque preocupada, no podía evitar inhalar su dulce aroma que la envolvía en un estado de serenidad. Se sentía extraña, como si caminara por el agua.
Finalmente, llegó a un campo lleno de margaritas azules que danzaban con la brisa suave del mar. La luz del sol las hacía brillar como pequeñas estrellas. Su belleza era hipnotizante y Clara sintió que sus párpados pesaban. "Solo un momento", pensó, y se dejó caer sobre la suave hierba con un sueño que la abrazaba. Las margaritas parecían reírse suavemente, como si compartieran un secreto muy antiguo.
Mientras dormía, el susurro se volvió más fuerte. "Clara… Clara, despierta" Esa voz la conozco, pensó medio adormilada. ¿Mamá? La tierra bajo ella comenzó a temblar. Las margaritas, al unísono, se inclinaban hacia ella, y sus tallos se alargaron como manos que la abrazaban. Clara soñó con voces que le contaban historias de aquellos que habían perdido el camino, quienes jamás regresaron. La dulzura del sueño se transformó en una sensación de vacío.
Despertó de repente, pero ya no estaba en el mismo campo, la tierra la había tragado. El bosque la rodeaba, ahora sombrío y amenazador. Las flores, que antes parecían amigas, lo eran todo menos eso. "Clara…" se reían, como si supieran que ella nunca podría escapar. La joven comprendió, con horror, que había entrado en un lugar del que no habría retorno. La isla paradisíaca ya no era lo que parecía.
Espero que les haya gustado este pequeño cuento de terror. Es de mi autoría y lo acabo de terminar. Todos necesitamos unas vacaciones paradisíacas este verano... aunque no como las de Clara.