
Seguramente dentro de unos años una de las cosas que logrará evocar recuerdos sobre mi tiempo como estudiante de pregrado sea el humo de los carros por puestos de Maracaibo. Con sus cartelones de colores que muestra la ruta por la que pasan.
El humo, en conjunto con los libros, parece que han formado una generalización rudimentaria o contiguidad (me disculpo por el lenguaje conductista) de manera que ahora la presencia de uno suscita la imagen mental del otro y que me remiten a la vida universitaria. Aunado ademas a sensaciones físicas que experimenta la persona que frecuenta el transporte público (respiración agitada, sudoración) que acentúan aún más esa misma cadena de asociaciones (humo-libros-universidad).
El bus resulta buen escenario para presenciar como, en medio de las conversaciones, convergen las ideas particulares de cada uno de nosotros y como en este intercambio se ponen de manifiesto la manera en la que se forman las ideas colectivas acerca de la realidad venezolana actual. Con los matices frenéticos, humorísticos y superlativos que le confiere el marabino, ademas.
Ni decirles de la habilidad de los choferes para aprovechar el espacio de las busetas.
“Esta verga no hay quien la aguante, compadre.”
“Antes si se podía comprar de todo, ahora no.”
“Estáis como la mala situación. En todos lados.”
Créditos de las imágenes a quien correspondan.
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