Escribo esto cuando la noche cae,
cuando arde lo que aún no he dicho.
Ya no escribo como antes...
ahora la palabra es fuego.
"Escribo desde la herida, sí,
pero también desde el fuego.
Desde esa grieta luminosa donde no hay consuelo,
pero hay lenguaje.
Y eso me basta." ✍️🔥
Hubo un tiempo en que escribía para gustar.
Me medía las palabras como quien se prueba vestidos frente al espejo ajeno.
No fuera cosa que algo doliera demasiado, que revelara demasiado, que ardiera demasiado.
Escribía para evitar el abismo, para fingir cordura, para maquillar la herida.
Pero ya no.
Ya no escribo como antes.
Ahora escribo con las manos sucias.
Con el barro de lo vivido bajo las uñas.
Con la lengua rota de tanto callar.
Ahora escribo con las palabras que sangran y no piden permiso.
Ya no pulo la herida.
La dejo abierta. Le doy tinta. La dejo escribir. 🖋️🩸
Porque he entendido que la escritura no es un bálsamo.
Es un bisturí.
Una rebelión íntima contra el silencio que me obligaron a tragar.
Una forma de recuperar mi voz con los huesos, con la espalda, con las cicatrices.
Antes creía que escribir era una forma de ordenar el mundo.
Hoy sé que es la manera más digna de desarmarlo.
He dejado de escribir para los otros.
He dejado de edulcorar mis verdades para que encajen en bocas que nunca aprendieron a nombrar lo real.
Ya no busco estética.
Busco esencia.
Ya no me interesa parecer sabia.
Me importa ser honesta.
Cruda.
Viva.
Desnuda. 🌒
Porque hay palabras que no se piensan:
se sobreviven.
Y hay silencios que no se rompen con gritos,
sino con una línea escrita a la medianoche. 🌙
Una sola frase, y el mundo cambia.
Un solo verso, y la piel recuerda que existe.
He aprendido que el arte no se hace con belleza.
Se hace con entrañas.
Con memoria.
Con verdad.
Ya no escribo como antes.
No porque haya olvidado cómo hacerlo,
sino porque ya no quiero volver a ser quien era.
Cada palabra que nace en mí ahora es un acto de resistencia.
Un manifiesto íntimo.
Un gesto de amor propio.
A veces me preguntan si no tengo miedo de desnudar tanto en mis letras.
Y sí. A veces tiemblo.
Pero hay un tipo de temblor que no es fragilidad,
es fuerza acumulada rompiendo la superficie.
Es el alma reconociéndose.
Y yo escribo para eso:
Para recordarme que estoy viva.
Para mirar de frente el eco de lo que fui,
y honrar con letras lo que todavía estoy siendo.
Porque mi escritura ya no busca salvarme:
me sostiene.
Me afirma.
Me revela. 🔥
Ya no escribo como antes porque ya no habito como antes.
Ahora respiro más lento.
Digo menos.
Siento más.
Y cada palabra que elijo es una semilla:
de memoria, de verdad, de reconstrucción.
No vine a escribir bonito.
Vine a escribir real.
Y si esa verdad raspa, incomoda o quiebra,
entonces bien.
Porque esa es la única literatura que reconozco como mía:
la que sangra,
la que tiembla,
la que despierta. ✨
Elegí esta imagen porque siento que escribir, a veces, es como un volcán que despierta.
No escribo como antes...
Ahora la palabra hiere, arde, ruge.
La palabra se vuelve lava que brota desde lo más profundo.
Ya no escribo para decorar —escribo para sobrevivir, para liberar lo que quema adentro.
Esta imagen me representa: es oscuridad encendida, es fuego contenido que se atreve a salir.
escribir ya no es una forma de expresarme.
Es una forma de existir.
Este texto forma parte de mi viaje de 30 días.
Cada día, una herida distinta.
Cada noche, una voz que vuelve a nacer.
Gracias por leerme, por sentirlo conmigo.