Del pequeño mito de la vida
El ganso de oro
voló tanto en su añoro,
que cayeron sus huevos
en nido raro, muy lejos.
Ni sospechaba la enferma
que en sus rezos, de cerca,
vendría en su llano pecho
a reventar, muy grandes, de hecho,
dos huevos de mucha vida
para sanar su gran herida.
Plumas salieron de brazos
y alas brillantes de abajo
para despegar a la Luna,
y cargar con comida de cuna,
su ahora fecundo regazo.
De ahí la mujer más fértil
regó el bosque como la lluvia
y bebió cada animal y árbol débil,
que al rato fueron tantos como la pluvia,
de aura serena y fresca, cuasi rubia,
brillando de vuelta
para los cielos crema,
y el orgullo de la Madre Tierra
que con sus senos vuela,
siendo que con su blanco amor,
su gran corazón,
a muchos hijos encierra.