Un osito panzón me encontré.
De su ternura pronto pensé:
será un regalo,
obsequio callejero,
a mi novia que tanto quiero.
Pero después en el bus ideé,
a mi hermano menor se lo daré.
Será su amigo,
un compañero verdadero,
quizás un consejero.
Luego lo vi bien, y tenía un agujero.
Y como un niño, siendo sincero,
caí en asombro
porque oro en monedas hallé.
«¡Esto es mío!» finalmente grité.