Aunque no estrictamente ligado a una colonización marciana, este relato sí que aborda el dominio marciano sobre nuestra realidad, lo cual, en grado sumo, es decir lo mismo.
Estrellando el juego
—Mateo, ¿puedes escucharnos?—preguntaban desde la Tierra.
—Escucho voces—respondió el astronauta, héroe de todos.
—¿Seguro que no te fuiste al Más Allá?—bromeaban en la Estación Espacial Internacional.
—Aún estoy con ustedes, pero el aislante de deformación material no sé si lo esté—susurró desganado Mateo.
Varias décadas tardaron en fabricar algo que detuviera la deformación de la materia al viajar tan rápido, no sin considerar que el universo siempre tiene un as bajo la manga.
Mateo ya estaba cerca del punto destinado para entrar a la ansiada 5ta dimensión, mas su cuerpo comenzaba a esparcirse alrededor cuales puntos de luz que rebotaban entre sí en una mesa de billar.
Cada átomo de Mateo y la nave galáctica en la que iba, se esfumó, dejando una especie de estela electromagnética tras de sí.
—Mateo, aquí el Centro Galáctico Internacional, danos tu reporte ahora—dijo, en vivo, el ciborg líder de la Tierra.
—No hay posibilidad alguna. Señores, la Tierra se desmoronará —gritó otro ciborg en pánico.
—Ustedes no saben de esperanza ni resiliencia—se alzó una voz humana desde la Estación Espacial Internacional.
—Yo soy.. ¡Mateo!—explotó un audio entrecortado en los transmisores de la Tierra.
—Mateo, ¿dónde estás? ¿Qué está sucediendo?—inquirió de inmediato el Ciborg líder.
Poco y nada pudo oírse luego, pero la cámara pegada al traje espacial de Mateo se reconectó con las de las Tierra y las imágenes proyectadas dejaron mudos a todos.
¡Era la 5ta dimensión! Pero en lugar de ver una proyección desequilibrada de la Tierra, era un cuarto extenso donde unos alienígenas jugaban a las maquinitas.
Para sorpresa de los videntes terrestres, los bichos eran muy altos, antropomorfos y de muchos ojos; de complexión tan delgada como un poste de luz.
Venían e iban dando martillazos a esferas que salían y se guardaban muy rápido en una caja oscura con destellos multicolor, cuales gemas en una noche sin luna.
Mateo veía todo sin moverse hasta que por puro instinto comenzó a andar cuando de la caja vio salir una esfera igual a la Tierra. ¡El mal del planeta era este juego terrible!
Por alguna razón desconocida, Mateo no podía andar sin tambalearse en cada paso, tanto que de un momento a otro, cayó y el piso pareció quebrarse en números y letras digitales.
De ahí, se dio el mayor espanto para los alienígenas. Ellos notaron la presencia de un intruso y se agitaron en horror al ver aquel ser pequeño, torpe y simiesco de piel pálida. Era tan horrible, que los bichos ludópatas se deshicieron como una sopa viscosa a lo largo de la 5ta dimensión.
Ninguno en la Tierra ni en sus alrededores podía creer lo que veía. Fue tan intenso lo ocurrido, que pareció volver el audio de Mateo, entre risas.
—Ni me abuela borracha hacía un sancocho tan malo—moría a carcajadas el viajero espacial.
—Mateo, ¿puedes escucharnos? ¿Cómo te sientes ahora?—retumbó en sus oídos desde varias fuentes.
—¡Terrícolas, calma! Si continúan hablándome, también se me va a derretir la cabeza como una sopa—bromeó Mateo.
Dicha advertencia no sirvió de mucho, por lo que tuvo que desconectar el audio. A pesar de todo, Mateo seguía muy enchufado a su misión y en adaptación rápida a la 5ta dimensión.
Luego de un rato observando cómo funcionaba la caja universal, Mateo entendió que se le podía hacer un reseteo de fábrica para deshacerse de los imperfectos provocados por los alienígenas.
Viendo lo que Mateo intentaba, el ciborg líder, ingenieros y asociados, buscaron incluso comunicación mental, pero al astronauta nada le importó.
Mateo posó sus manos sobre la fecunda caja cósmica, y con profunda delicadeza pudo acceder a los botones de reinicio que harían a la maquina revolucionar en sonidos, movimientos y un resplandor enceguecedor.
—Chico, danos tu reporte—intentaban retomar comunicación después del gran resplandor.
—¿Estás todavía en la 5ta dimensión, Mateo?—preguntó el ciborg líder desesperado varias veces.
—Parece que ha vuelto a nuestra dimensión.. o no—aclararon desde la E.E.I. en voz baja.
Al final confirmarían que la Tierra había vuelto a la normalidad y, del heroísmo de Mateo, sólo quedó su casco de astronauta rotando entre polvo estelar, siendo quizás la estrella más pequeña, pero significativa que los humanos pudieran observar jamás en el cosmos.