Farziria, el imperio de regalos huecos
Plenón: ¿acaso no he servido al imperio como se merece?
Gentes: ¡SIIIII!
Plenón: en la virtud que me ha dado Dios sobre el pueblo, he dado cuanto he podido.
Gente: ¡SIIII!
Plenón: y aún no contento con esto, empezaré por dotar sus vidas de un techo y comida diaria.
Gente: ¡Plenón, Plenón, Plenón!
Tras la guerra de 5 años, el imperio de Farziria se ha visto rebustecido. El imperio que comenzó con apenas 100 soldados y unos cuantos agriculturores, ha anexado innumerables tierras con infinidad de recursos diversos.
Este imperio de Plenón ha crecido de tal manera que ahora hasta se ha permitido el lujo de tener unicornios en sus tropas. El “imperio fantástico de Farziria”, ya le apodan algunos.
Con tal de llegar a la conquista del mundo, todos los integrantes del imperio juran lealtad absoluta, mas hay algunos que empiezan a ser ejecutados clandestinamente al negarse. "¿Qué habrá de cierto en esto?", se preguntan una y otra vez algunos.
En Mentiara, la gran ciudad del imperio, hay alborotos de vez en cuando, pero nadie se entera de detalles. En abundancia a nadie parece importarle.
Crito: cada vez más cerca.
Diuno: si. Al menos que salgamos del imperio pronto, nosotros seremos los próximos .
Lázaro: mañana lo haremos.
Crito: ¿qué cosa, Lázaro, escapar como ratas? Tú nos has..
Lázaro: ¡silencio! Mañana haremos que las gentes de Farziria sepan la verdad.
Apenas el sol empezó a bañar las calles de Mentiara con pálidos tonos amarillos, una de las plazas a las fueras de la ciudad yacía llena de gente.
Lázaro: ¡esto que digo no es falso! Me ven con incredulidad, pero tengo en más estima al imperio, que a mí mismo
Gentes: ¡patrañas!
Como queriendo apoyar a su camarada, Crito y Diuno subieron al tablón en el centro de la plaza también.
Crito: ¡no sean burros!
Luego Diuno con voz de trueno dijo: escuchen a nuestro hermano Lázaro. Presten atención, bárbaros.
La gente siguió en alboroto un rato más, pero finalmente calmó y escuchó cuidadosamente al hombre de barba gris con delirios de profeta.
Lázaro: repito, señores, el gobierno del imperio nos quiere esclavizados. A cambio de regalos y lujos en Mentiara, desean que no nos quejemos. El imperio se expande, sí, pero no hay con qué protegerlo. Cada vez estamos más indefensos.
Las gentes seguían mirando a Lázaro con ceño fruncido.
Lázaro: de lo que hoy tenemos, no nos quedará nada pasado mañana. Es todo una imagen de poder que no puede sostenerse. Ellos escaparán en cuanto venga otro gran imperio contra nosotros.
Todos, incluyendo sus camaradas, quedaron preocupados por lo dicho.
El denso silencio de aquella mañana tan sólo fue disuelto cuando alguno entre la multitud habló.
"Quiénes escaparán?"
Lázaro: Plenón y sus hermanos.
Tan pronto fueron pronunciados tales palabras, el descontento se apoderó hasta de Crito y Diuno. En ese momento, Lázaro se dio cuenta que la idolatría en el imperio era peor de lo que pensaba. Como pudo, escapó de la plaza montado a caballo. Llevaba el cuerpo maltratado, pero aún su orgullo intacto.
Transcurrieron varios días en los que se sucedía un festín tras otro en Mentiara. Plenón quería la máxima felicidad para todos los habitantes de su imperio y no descansaba en expandir los ánimos de fiesta en cada rincón. Incluso con chistes terribles.
Plenón: … y el miserable guerrero me decía “puedo unirme a su ejército, señor?” Le contesté enseguida. “Acaso ves que coleccionamos enanos?”
Estallaba entre los oyentes del emperador una risa descontrolada.
Estos banquetes eran alegría por un lado, tristeza por el otro. Pues, al tiempo que muchos reían con Plenón, otros lloraban porque sus guardias robaban cualquier cosa valiosa para el “bien” del emperador. Mismas cosas de las cuales unas muy pocas eran hechas los tan especiales regalos para las gentes.
“Si nuestro emperador Plenón está bien, el imperio también” repetían los grotescos guardias.
Eventualmente, el mismo Plenón acumuló riquezas incalculables tras saquear, entre risas, a su propia gente.
Meses después que se descubriera el imperio se expandía a base de saqueos, terror y adulaciones, y no de “gloriosas victorias en guerras”, una fuerza mayor entra en acción. Es El Ejército de Tigres.
Un brillante comandante de las tierras de Verdia al este, ha estudiado los movimientos de Plenón y su gente. Saben hacia dónde se dirigen próximamente y no descansan hasta posicionarse para una emboscada.
Huezer, el comandante vigoroso y audaz de los Tigres, no tarda en decir algo sorprendente para su ejército.
“Ahora brilla la luna, caballeros, pero mañana, mañana lo hará un nuevo imperio”.
El encuentro con el imperio de Farziria se da en el bosque Ki. Una vegetación densa con terrenos fangosos, se convierte en el escenario de pesadillas que alguna vez Lázaro advirtió.
Tan pronto como los guerreros de Farziria se topan con el Ejército de Tigres, aquellos empiezan a perder fácilmente contra éstos dado que no contaban con armas adecuadas ni entrenamiento suficiente.
En medio del desespero, mandan a avisar a Plenón, quien entra en pánico—ya había oído del poderío del Ejército de Tigres—y recoge todo cuanto puede. Como sus súbditos le pedían alguna reacción, ordenó, alocado, el envío de los unicornios.
Estas criaturas no estaban hechas para el campo de batalla tampoco. Por tal razón, se vieron no muy tarde devorados por otras que sí sabían de pelear: los tigres de Verdia. Tigres pequeños, pero super ágiles y fuertes, que siempre buscaban atacar a las espaldas del contrincante o víctima.
Toma apenas un mes para Huezer y su ejército hacerse con el 90% de lo que había tomado el imperio de Farziria antes.
Huezer: “Caballeros, el mundo no es nuestro, pero no hay nadie en el mundo que pronto no lo sea”.
Es el año 1403 y el imperio de Tigres es el más extenso del planeta.
En un banquete con motivo a la celebración de los 10 años desde que se fundó el Ejército, está Huezer dando un discurso. Su figura de cabellera enrulada, mirada tenaz y físico rocoso magnifica cada palabra dicha. Lo acompañan su mujer, hijos y principales guerreros, incluyendo, claro está, los más veteranos tigres de Verdia.
"... y no hay que olvidar que los principios de honestidad y trabajo de este imperio han sido mejorados por los sabios consejos de Lázaro, el centenario. A usted una cálida ovación".
Lázaro se levantó con ayuda de un tosco bastón y sólo hizo reverencia ante los presentes.