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"¡Feliz día, amigos! Hoy les traigo un post diferente y un poco más íntimo. Les quiero contar sobre una experiencia con la parálisis del sueño que me dejó el corazón acelerado y los sentidos en alerta.
Seguro que alguna vez han escuchado historias sobre esto o peor aún, han sentido esa angustia de querer despertar y no poder. Es algo que muchos hemos vivido en silencio, y hoy me atrevo a ponerle palabras a esos minutos eternos.
En la parálisis del sueño, tú te despiertas mentalmente, pero el cerebro todavía no ha enviado la señal de "encendido" a tus músculos. Por eso estás consciente, pero no puedes mover ni un dedo.. Los invito a pasar por mi blog para que descubran cómo fue mi noche y, sobre todo, para que me cuenten si a ustedes también les ha pasado. ¿Se atreven a leerlo?"
No sé qué me estaba pasando, pero el frío me estaba ganando la partida. No era un frío de esos que se quitan con una cobija; venía desde adentro, de los huesos. Afuera escuchaba el sonido de la lluvia golpeando el techo, un ruido tan normal y cotidiano, lo escuché en camara lenta como caía gota a gota.
Estaba ahí, consciente. Podía ver la oscuridad del cuarto y escuchar la respiración tranquila de mi esposo que estaba justo a mi lado. En mi desespero, estiré la mano y lo toqué; sentí su brazo, necesitaba que alguien me ayudara, para que me sacara de esa angustia. Intenté gritar su nombre y la voz no me salía.
De repente, sentí que algo pesado y oscuro se montaba sobre mi pecho. Era una sombra negra que me cortó el aire de golpe y empezó a ahorcarme, yo la pude ver, no tenía rostro solo se veía su silueta era enorme parecía un alliens de la pelicula. Sentía sus dedos apretando mi cuello y me explotó un ataque de pánico horrible. Las manos se me entumecieron y el corazón me golpeaba el cuello como si fuera a estallar. Sentía que estaba pasando a otro plano, hundiéndome en un vacío negro mientras me soltaban hacia una soledad espantosa. "No me puedo ir así", gritaba en mi mente mientras el aire se me terminaba. Siento que me apago...
...
De la nada pegué un brinco y el aire entró de golpe a mis pulmones con tanta fuerza que me quemó la garganta y casi me ahoga. Abrí los ojos y vi el techo de mi cuarto. La lluvia seguía sonando afuera, igual que en mi lucha. Estaba empapada en sudor aunque mi cuarto estaba frío y con el corazón a mil por hora.
—¡Casi me muero! —le dije a mi esposo apenas pude recuperar el habla—, ¡intenté gritarte, te toqué con la mano para que me despertaras y no hiciste nada!
Él me miró extrañado, todavía medio dormido, y me dijo algo que me heló la sangre:
—Amor, tú no te moviste ni un milímetro. En ningún momento gritaste y mucho menos me tocaste. Has estado tranquila todo el tiempo.
Enseguida le contesté: —No puede ser, estoy segura de que te toqué para que me despertaras—. En ese momento me quedé paralizada unos segundos mientras volvía en sí y lograba discernir lo que viví.
PARA ÉL, DORMÍA EN PAZ; PARA MÍ, ACABABA DE REGRESAR DE LA MUERTE...
"Este relato nació de una experiencia personal muy fuerte que viví, Utilicé herramientas digitales para ayudarme a organizar mis ideas y pulir la puntuación, pero cada emoción y cada palabra aquí descrita fue exactamente lo que me sucedió, la imagen fue realizada por IA Banana 2.0 ."