"El ritmo de su alma fluyendo a través de las baquetas. Foto tomada con mi Tecno Spark 30."
Dicen que nadie llega al mundo con las manos vacías. Algunos traen historias grabadas en los ojos, otros traen colores vibrando en la punta de los dedos, y otros, como mi pequeño, parecen haber nacido con un compás perfecto latiendo en el corazón. Sin embargo, en el ruido constante de la vida adulta, solemos olvidar que todos recibimos un regalo al nacer.
Descubrir el propio talento es, en realidad, un acto de memoria. Es despojar de nuestra mente las capas de "lo que debemos ser" para reencontrarnos con la esencia pura de lo que ya somos. Si prestamos atención, ese llamado no es algo nuevo; es una voz que ya nos hablaba desde niños, cuando el tiempo no existía y el mundo entero cabía en un juego.
Ese "llamado" es la brújula que Dios nos entrega antes del primer suspiro. Para algunos fue el dibujo en los márgenes de un cuaderno, para otros fue el deseo de armar y desarmar cosas, o la necesidad de correr tras un balón. En el caso de mi hijo, el llamado llegó con el sonido. Al verlo frente a la batería, comprendo que no está aprendiendo algo ajeno, sino reconociendo un lenguaje que su alma ya hablaba.
Hoy quiero compartir con la comunidad de Literatos esta reflexión sobre el talento que no se busca, sino que se encuentra al mirar hacia nuestras raíces. Los invito a leer estos versos y, quizás, a recordar qué era aquello que hacía vibrar sus propias manos cuando el mundo todavía era un lugar lleno de asombro.
POEMA
No le hizo falta que nadie le explicara,
ni que una mano le enseñara el camino;
fue ver los bombos y que el alma le dictara
que ese gran trueno ya venía en su destino.
Porque ese son que en sus manos se desata,
no es un azar ni una simple coincidencia;
es una nota que el cielo le relata
y que él recibe con toda su inocencia.
Ahí sentado, sin que nada lo distraiga,
con sus zapatos azules y su calma,
espera que el golpe de las baquetas caiga
para sacar lo que lleva en el alma.
Miren sus ojos, la luz que lo rodea,
hay una fuerza que lo guía desde arriba;
mientras el mundo a su lado tambalea,
él es el pulso que nos mantiene con vida.
No son solo golpes, es un sentimiento,
es su manera de hablarle a la vida;
un ritmo que nace desde muy adentro
y que encuentra en el plato su salida.
Es un regalo que Dios puso en su pecho,
un don sagrado que vino con su nombre;
un plan perfecto, muy claro y bien hecho,
que se revela mucho antes de ser hombre.
Mírenlo bien, concentrado en su juego,
él no sabe de notas ni de teoría;
él solo sabe que se enciende su fuego
cuando regala su propia alegría.
Él no improvisa, él solo está escuchando
la melodía que el Creador le ha confiado;
y mientras toca, nos va demostrando
que el paraíso no se ha quedado olvidado.
Es el llamado que trajo desde niño,
un sello de Dios que en sus venas retumba;
no es solo fuerza, ni es solo cariño,
es una luz que ante nada se tumba.
Que sus baquetas escriban su historia,
que el mundo escuche lo que el cielo le dio;
porque su vida será para gloria
de aquel que este son en su alma encendió.
Ver a mi hijo perderse en el ritmo de su batería me ha recordado que el talento no es una meta que se alcanza, sino un origen al que se vuelve. A veces pasamos la vida entera buscando un propósito, sin darnos cuenta de que la respuesta siempre estuvo ahí, guardada en los juegos de nuestra infancia, esperando a que volviéramos a ser lo suficientemente humildes para escucharla.
Dios no nos lanza al mundo a ciegas; nos envía con un sello, una chispa única que nos define. El "llamado" es ese hilo invisible que conecta lo que hacemos con lo que somos. Mi labor como madre, más que guiar sus manos, es proteger ese silencio sagrado donde él escucha su propia música, para que el ruido del mundo nunca logre ensordecer la melodía que el Creador puso en su pecho.
Ojalá que, al leer estas líneas, cada uno de ustedes se permita un instante de silencio para buscar su propio "son". Que se atrevan a remontarse a esa niñez donde el miedo no existía y el talento era simplemente nuestra forma natural de ser felices. Porque cuando un ser humano descubre para qué han sido hechas sus manos, no solo encuentra un oficio, sino que encuentra su propia paz.
Y ustedes, ¿qué talento sentían que ya traían desde que eran niños? Los leo con el corazón abierto en los comentarios, agradecida por el tiempo que dedicaron a compartir este trozo de mi vida
"Fotografías de mi autoría y la portada fue editada en canva, capturando el momento en que el cielo se hace música en casa".