El equipo de literatos llama a un nuevo concurso: Concurso de microcuentos policiales: Los crímenes en la calle Morgue, en honor a Edgard Allan Poe
Se trata de lograr hacer un microcuento, máximo 350 palabras, en el género de Enigma policial.
Aquí dejo mi participación, agradeciendo de antemano la gentil lectura.
La boda de Jans y Amalia quedaría grabada en el recuerdo de los invitados. Tanto por la infinidad de finos y románticos detalles como porque la novia amaneció muerta.
Janns era hijo de un diplomático alemán. Los invitados permanecían en el mejor hotel de la Gran Sabana. Todo era estupor, desconcierto. La autopsia evidenció muerte por intoxicación. La primera hipótesis sugirió envenenamiento. Se designó a Chantal Petit, joven detective con fama de genio, para las averiguaciones.
Al lugar del banquete llegó Petit acompañada de Didier Mercier, su aprendiz.
Petit admiró la elegante organización de la fiesta al estilo vintage, al aire libre, cascadas de fondo, revisó el menú, ejecutado por un chef traído de Düsseldorf, inspeccionó el precioso vestido nupcial, prestado por la madre del novio, revisó fotografías, escudriñó los restos de comida del día anterior…
Por la noche Chantal preguntó a la madre del novio:
—¿Quién aseó su vestido de novia?
—Las damas de honor. — Recibió por respuesta.
Un momento después le decía al chef:
—Recibió las recetas. ¡Entréguemelas!
El hombre las trajo. Escritas a mano en alemán.
Petit identificó la letra. ¡Ya tenía al culpable!
La hermana del novio fue detenida. En ese momento explotó en odio contra su cuñada, frente a todos.
En el informe consta que:
—Cómo lo supo? preguntó Didier, asombrado.
—El vestido tenía un olor dulzón, sin ser perfume . —Respondió Petit y agregó.
—El mejor dato lo dieron las hormigas en la torta: Las del nivel de los novios estaban muertas.
Mientras hablaba Chantal hacía una selfie, como cualquier joven, con las cataratas de fondo.