¡Saludos, amigos! Con esta historia participo en forma simbólica del concurso que #Literatos ha convocado en honor a Wilhelm Grimm.
Mira aquí la convocatoria Concurso de minicuentos: “Cuentos maravillosos para niños y adolescentes”, en honor a Wilhelm Grimm
Los maravillosos sueños de Andrés
A Andrés le gustaban las historias del abuelo y al abuelo le gustaba la manera como Andrés las escuchaba. El niño lo miraba con sus grandes ojos asombrados, como si hubiera estado observando las cosas que salían, como palabras, de la boca del anciano.
Si el abuelo decía “En aquel lugar había un lago, con aguas oscuras y frías” Andrés reaccionaba como si hubiera estado tocando el agua, tomado por un escalofrío y por una sensación de misterio.
El abuelo disfrutaba mucho la manera en que Andrés le sacaba las palabras de la boca. Viendo a su nieto parecía recordarse a sí mismo, siendo un niño. Recordando, repetía las historias que le contaba su propio abuelo. Eran historias de cuando los nosotros, los duendes, vivíamos sin miedo, en las playas de los lagos y de los ríos.
-Estas historias sucedían cuando el mundo era joven y la naturaleza era vibrante e independiente, cuando los seres de la naturaleza vivían en libertad y los duendes no se habían visto en la necesidad de esconderse en los pasadizos subterráneos y en las cuevas de las montañas. - Decía el abuelo.
Yo los escuchaba, escondido detrás del tallo de un árbol. Oía como si escuchara una historia ajena y triste, como si no estuvieran hablando de mi pueblo. Yo tenía una misión. Mi gente escogió a Andrés como depositario humano de nuestra historia, como héroe. Sin los niños humanos nuestra memoria habría desaparecido desde hace siglos.
-¿Será posible que aún existan los duendes, abuelo?
-Sí, Andrés, es posible.
En ese momento decidí que me presentaría a él. Cuando todos dormían llegué a su habitación, subí a la cabecera de su cama y comencé a recitar antiguas oraciones en el idioma original de los duendes. Nuestro idioma es muy musical e incita los sueños de esperanza.
Los duendes tenemos la facultad de mirar los sueños. Cuando son hermosos los recogemos como se recoge un tesoro y enviamos emisarios a cantarlos a las comunidades de hadas y de otros genios. De esta manera se produce la magia que cambia el mundo sin que los humanos sepan bien como sucede.
Recogí los sueños de Andrés durante semanas hasta que comencé a mirar en ellos las figuras de los duendes y otros seres elementales, cantando en las riberas de los lagos y ríos, como en las historias de la antigüedad.
En esos días comencé a estar en sus sueños dejando en su casa regalos para su familia, pepitas de oro, piedras preciosas y ricas esencias. Sabemos que esos regalos causan felicidad a los humanos. Para tener sueños hermosos es necesario ser feliz. Al despertar Andrés encontraba, admirado, los regalos.
Por ello Andrés no se sorprendió cuando, al crepúsculo, me presenté ante él.
-Tenemos una gran tarea. -Le dije.
-Recuperar la magia?- Andrés lo había comprendido.
-Sí.- dije simplemente.
Iniciamos nuestra aventura. Yo había cumplido con mi misión.
La función de Andrés era la de todos los héroes y los niños: soñar, imaginar y recuperar los mundos maravillosos.