Feliz día a todas las mujeres valientes, honestas y trabajadoras del mundo, y en especial a las venezolanas. A esas que les ha tocado lidiar con más obstáculos que nunca, a pesar de las afirmaciones de supuestos logros, mejoras y empoderamientos.
A esas mujeres que han sufrido los embates de una crisis económica que las ha hecho pasar penurias bajo el sol inclemente, que las ha hecho envejecer aceleradamente, que las ha hecho ver a sus familias desmembrarse ante la migración masiva desesperada, que las ha obligado a renunciar a sus sueños o ver los sueños de sus hijos desvanecerse.
A las otras, a las que han contribuido orgullosamente a la destrucción de su propio país, a esas vaya esta reflexión:
I
La mujer venezolana
se tiene que replantear
que modelo va a imitar
si feminista se ufana.
No se le humilla a su hermana
sirviéndole a quien la oprime.
El progreso mal describe
la multitud en un teatro.
No es cinco más uno cuatro.
Ese crimen no prescribe.
II
No hacen falta más ovejas
pa’ este rojo matadero;
lo que falta es un madero
fino como el de las viejas.
Deben seguir las consejas
que da su sexto sentido.
Si el futuro es un latido
de un pensante corazón,
que se imponga la razón.
Por sus hijos, se lo pido.
III
No es más libre la mujer
por tener tremendos cargos,
por no usar vestidos largos
O dispararle a otro ser.
Si aprendieron a leer,
lean lo que está a la vista.
No sean como aquel artista
que le canta a quien le pague.
Que el poder no la empalague,
Mi querida feminista.