Las baldosas de mi casa han visto tanto...
te vieron llegar y luego despidieron a tu sombra,
sin el amor de la primera vez.
Han visto tanto.
Vieron mis llantos,
mis alegrías,
al viento
soplar las velas de muchos aniversarios;
recibieron a mi abuela al caer
consolaron a mi madre
cuando sus piernas no soportaron su peso.
Las baldosas enfriaron mis calientes noches de verano.
Ahora las veo
recuerdo la primera vez que me contaron los secretos de la casa.
Hablaron de los abusos de mi padre,
la sansónica fuerza de mi madre
y de la bendita ignorancia de la infancia;
ellas, tan sabias por sus años,
hablan de la relatividad del tiempo,
los amigos
oportunidades perdidas,
de la leche derramada y el llanto
su ausencia.
Me hablan de días en que fuimos nuestra única compañía,
siempre a mi lado.
Mi madre no entiende que no quiera cambiar el piso de la casa.
Han cambiado muchas cosas,
lo sé
ustedes ahora,
Muchas cosas cambiaron
cambiarán,
pero las baldosas de mi casa
siempre han sido las mismas.