―…Pero nunca se ha visto nada de noche por fuera de aquella casa: sólo alguna luz azul que sale por la ventana; no fantasmas de los corrientes.
―Bueno, pues si tú ves una de esas luces azules que anda de aquí para allá, puedes apostar a que hay un fantasma justamente detrás de ella…
Tom Sawyer
Mark Twain
Siempre había sido bastante escéptico con respecto a la vida después de la muerte, las vidas anteriores y la reencarnación. Y eso de los fantasmas, era otra de las cosas que menos creía. Para mí, solo eran cuentos para asustar a las niñas. Les digo esto, debido a que mi familia y yo nos mudamos. En cuanto nos instalamos en la casa de mi difunta abuela, comenzaron los chistes de los fantasmas que habitan en las casonas antiguas como esa. Pobre abuela, de la alegría, le dio un infarto cuando vio pasar la caravana de la victoria en enero de 1959, hace casi un año atrás: aquello fue demasiado.
Al principio pensé que eran bromas de mi hermana cuando me quitaban las sábanas, se abrían las ventanas o se encendía una luz de repente. Mis padres me regañaban por “mentiroso” o me decían que la tenía cogida con ella. Bastantes coscorrones que cogió la pobre antes que conociera a Katy: mi fantasmita Katy. Ella fue la causante de tantos enojos con mi hermana.
La primera vez que vi a Katy, estaba en mi cuarto. Imaginen mi susto al ver a aquel ser, rodeada de un halo de luz, y recostada a la ventana. Ella me miró extrañada, la vista fija en mi rostro aterrorizado. Me miraba sorprendida de que la pudiera ver. Y entonces, lo que desbordó la copa.
—Hola —dijo ella muy tranquilamente
Mi grito se debe haber oído en Santiago de Cuba, mis padres vinieron corriendo aún con la ropa de dormir puesta. Como pude, les conté lo que me había pasado, pero ella había desaparecido.
He estado castigado desde entonces. Cada vez que hablaba de fantasmas me mandaban al cuarto, de castigado, incluso estándolo ya. Así que opté por dejar de tocar cualquier tema que no sea algo estrictamente terrenal. Aproveché mis noches de castigo para adaptarme a ella (claro está, si no la puedo alejar…) Ella me miraba cuando me acostaba. No me hablaba, y no la culpo porque cada vez que lo hizo yo salía gritando más que mi hermana. Al final decidí hablarle uno de esos días, y así comenzó nuestra extraña relación. No crean que es lo suficiente rara solo porque hable con fantasmas, lo más extraño es que ella era una fantasma: pero del futuro.
Al principio creía que me estaba vacilando, no le creí todo lo que me contaba. ¿Qué era eso de la reforma agraria, la nacionalización de las industrias? Entre otras cosas que supuestamente iban a suceder a raíz del triunfo de la revolución. Ya ha pasado tiempo y nada de eso se ve en el horizonte. Le vine a creer algo de eso cuando me enseñó un aparato llamado “ipod”. Es una especie de radio, pero que a la vez hace de tocadiscos, solo que sin disco y con una música rarísima. A veces por la noche cuando la veía llegar la llamaba y no me escuchaba, y era porque estaba oyendo música con el ipod en la mano y los audífonos puestos. Otra cosa más extraña era algo llamado “celular” ¡un teléfono que no tenía cables, ni teclas! Sin comentarios. Me enseñó muchísimas cosas del futuro, yo le aclaré algunas del pasado. Las noches con ella no me alcanzaban para lo que quería oír sobre el futuro, saber cada vez más. Algunos temas de conversación eran buenos y otros no tantos. La música del futuro, por ejemplo, no sirve. Va a haber un género llamado reggaetón, ya escuché una muestra (que clase de…)
Como a veces me quedaba la noche entera sin dormir, y no podía hacerlo a diario, le pedí que nos viéramos también durante el día y ella no se opuso, dijo que eso era problema mío. Ella iba a intentarlo.
Desde entonces varias veces tiré la cuchara mientras comía, al verla aparecer de repente, o al doblar una esquina encontrármela cara a cara, y a esa hora no se callaba: ¿Quién es ella? ¿Qué has hecho en el día? ¿Qué vas a hacer? ¿Qué ha pasado en el país? Y sin darme tiempo a responder. ¡Imagínense! Mis padres una vez me vieron “hablando solo” y querían ingresarme en un psiquiátrico o dejarme con psicólogos hasta que me casara. Nos dimos cuenta que ellos no podían verla.
—Debe ser porque son adultos —me explicó un día—. Su cerebro funciona diferente al de los niños, es más cerrado a lo desconocido. Por eso solo tú puedes verme.
—Entonces, es mejor que no hablemos cuando están delante. Van a pensar que estoy loco.
—¿Estás loco?
—No, pero…
—Entonces, ¿no quieres hablar conmigo?
Katy no lo entendía, y más de una vez se puso brava porque hablaba al caminar conmigo sin que yo la mirara o respondiera. Mujeres, al momento se ponen susceptibles.
Una noche estábamos hablando tranquilamente en la ventana. Katy estaba callada y mirando su reloj constantemente. Muy raro en ella. Le pregunté si algo le preocupaba.
—No me pasa nada —me dijo.
—No me engañes, Katy, que sé que te sucede algo; no eres así. Puedes confiar en mí.
—Yo lo sé, no es eso — respondió bajando la cabeza para no mirarme—. Tengo que irme.
—Está bien, Katy, ¿Mañana a la misma hora?
—Ya no vuelvo más —soltó “la bomba” así de repente —, no podré; al menos no por ahora. No es que no quiera, es que mi trabajo aquí ya se acabó.
—¿Cómo que trabajo?
—Lo siento —me miró con lágrimas en los ojos—, adiós, Abby.
Cuando miré a Katy, antes que desapareciera dentro de un arco de luz brillante, la vi decirme algo. No la pude escuchar, pero la entendí perfectamente.
— Yo también te voy a extrañar, Katy, amiga mía.
**
Al cerrarse el portal detrás de mí, todos en el laboratorio comenzaron a aplaudir. Miré el cronómetro en la pared, y ocultando mi tristeza, anuncié:
—Bueno, señores, ciento diez horas de interacción en el pasado completadas satisfactoriamente sin consecuencias en el presente. Felicidades a todos, podemos pasar a la fase dos.
