Tal parece que he dejado a Cupido sin flechas, a ráfagas me flecha, y yo que uso anteojos de antojos. Se me nota la prisa, manteniendo contenta a la tentación, intentando no disipar la cordura. Pero una vez hubo uno que me hizo perder la cabeza, y resulté ser cuerpo marino nadando en incontables barras pidiendo tragos innecesarios de vida, cuando vida tenía, apostándole todas las fichas al "cincuenta por ciento", "al amor de vuelta" ; y a cambio, recibí un vuelto sin propina, un "date cuenta", un "te lo dije", un "no es para tí", y entonces fue que entendí que darlo todo al principio es como estar más cerca del final, y para qué luchar si las excusas se desahogan cuando nada existe. Cierto pero triste. Y sabes qué, a partir de este minuto empezaré a usar escudo, armaré mi trinchera al desnudo porque no cerraré las puertas a los que vengan de buena fé , a los que deseen pasar mis brechas, a los que ambicionen flecharse de mí, de mi manera instantánea de querer, de mi alarma sensible, de mis soleados impulsos negándose a tomar sombra.