A veces te llamo o te busco y no se ni porqué, (solo a veces).
Te quiero mucho, pero cuando te tengo delante es como si siempre hubieras estado aquí, es decir, como si no te hubieses ido a casa y todo el tiempo que pasa estas al lado mío.
¡Qué raro!
Creo que somos una mezcla de deseos con sentimientos enfermos, buena imaginación y dolor comprimido. Totalmente inevitable pasar inadvertidos; nuestra unión es como una playa, como el viento sin sentido.
¿Qué queremos? o ¿qué buscamos? Estoy casi segura que por no preguntarnos esto nos va tan cool; solo nos dejamos llevar sin cuestionarnos detalles inútiles.
Ya ha pasado tiempo y a pesar de todo seguimos unidos.
A veces quisiera compartir mi guarida contigo en Venus, apartada de todos, de la vieja chismosa, sin gravedad y sin ropa.
De tu vida en la Tierra no tengo mucha información, de hecho, no se casi nada, solo lo que tu me cuentas, y al parecer eres como un ángel.
A mi me gustaría tocarte, hacerte el amor y ayudarte en lo que necesites; siempre estar cuando más te hago falta; llorar, sufrir y hasta morir por ti.
Me gustaría que nunca sintieras dolor ni traición, que nunca te sientas solo, y que no te enfermes, que seas fuerte y muy inteligente, pero sobre todo, muy feliz. Tan feliz que por donde pises crezcan flores y frutas, y alumbres con tu luz natural los lugares más oscuros que existen.
Me gustaría ser real y abrazarte cuando tengas miedo, pero solo aparezco en la madrugada cuando tu sueño es tan profundo que los minutos parecen años, los años mas alegres que he tenido y luego me esfumo al despertarte en la mañana. Entonces, nos convertimos solo en recuerdos fragmentados.
Gracias a todos los hivers que me han leído hasta el final de este breve ensayo.
Me siento feliz de haber encontrado un espacio para mis escrituras, mi mejor forma de aliviar las penas y desahogarme con cada letra que escribo.