Todo lo que tenía que hacer era sacar una pluma de la cola de ese animal vivo. Era la última tarea antes de lograr deshacer el conjuro que le lanzó Carmela. Nunca aceptó que se hubiese enamorado de Alba y no de ella. Desde aquel día en que los maldijo en medio de la plaza, a Alba le crecieron ochenta y siete verrugas verdes en la frente y a Julián se le cayeron dos dientes, se le puso blanco el pelo y tuvo que empezar a usar bastón.
Los días de mala suerte y miseria terminarían hoy, al llevarle a Doña Cleo los ingredientes para lo que sería su baño de despojo. Todo lo demás estaba en su bolso de cuero azul, ya había pasado por mucho para obtener cada objeto. El colmillo de un jabalí, la cola de una baba, el ojo de un gato rayado, la raíz de un árbol de guayaba, una piedra del fondo del lago Sipoo y una pluma de la cola de un cotorí vivo.
Después de todas esas fieras a las que se enfrentó, un simple pájaro no sería un obstáculo. Subió a la colina donde le dijeron que anidan los cotorí, buscó el monte más tupido porque se dice que es allí donde se esconden. Y no se equivocaron, allí estaba, con su color negro intenso y su mirada de pocos amigos.
Escondido entre la espesura, Julián caminó lentamente, casi sin hacer ningún ruido. Cuando estuvo ubicado detrás del animal estiró su mano poco a poco, sin respirar ni pestañear, hasta que tuvo la oportunidad precisa y ¡suasss! le arrancó la pluma. El cotorí rápidamente contraatacó. Le acertó dos picotazos en el brazo con el que tapaba su cara. Julián usó su bastón para deshacerse de su atacante, guardó la pluma en su bolso, dio tres pasos y de pronto sintió el dolor más intenso que jamás había sentido clavarse en su pantorrilla y recorrerle rápidamente toda la pierna. Aquél frío llegó en un instante a sus pulmones y se alojó en su corazón. Julián cayó fulminado por la mordedura de una matacaballos, una de las serpientes más mortales que habitan la zona y que suelen vivir en aquellas colinas selváticas donde los cotorí hacen sus nidos.
Hay quien cuenta que al día siguiente se vio a Carmela entrar a casa de Doña Cleo con un bolso de cuero azul cargado de amuletos. Las risas de ambas se escuchaban en toda la cuadra.
Esta fue mi entrada al Quinto Extraño Concurso convocado por , al que agradezco por tan divertida y estimulante actividad. Los animo a acercarse y participar en este o en los siguientes extraños concursos que vendrán.
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Isa Maroon.
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