Y qué si no digo nada
y al final
se me queda todo como una piedra
entre ceja y vientre
y las palabras mueren en mi garganta
inútiles
y al hacerlo me mal dicen.
Y qué si un día descubro
que no nacimos para ser grandes
ni mas o menos grandes
ni medio conocidos
sino normales y mortales
como cualquiera
y no se acaba el mundo.
Y qué si entiendo que matarte a diario
es una de mis mejores formas de vivir
Pero el sabor a luto
no me lo puedo arrancar del paladar.
Me declaro Electra despechada
por todos tus rechazos
por tus interminables círculos de silencio
por tu amor a pedazos.
A ver si un día pateo la mesa
harta de ser engranaje mudo
de este vaivén absurdo
y en el reguero encuentro
lo mío que perdí
que dejé
que vendí
que olvidé.
Pero sólo soy víctima
de mi ceguera lúcida
de mi sordera consciente
de las maldiciones que levanté
en mi contra
el día en que le di la espalda
al oráculo.
Sigo en el mismo
lugar exponiendo mis torpes entrañas
pero ni siquiera tengo la suerte
de un castigo eterno
El hado me mira con desdén
y sigue en lo suyo
Las moiras se rieron en mi cara
cuando toqué a su puerta
y el destino
ni se molestó en responderme.
Y qué si un día entiendo que soy
Oveja negra
Árbol torcido
Patito feo
Pero también ave fénix
Sólo soy esto
Y mañana ya no seré más.
Isabel Orive Ponte