Hola, Hivers!
Esta es mi primera publicación en la comunidad de #Literatos recomendada por mi profesor y amigo .
Hoy les traigo un pequeño relato que escribí hace un tiempo; es un relato que expresa mucho de lo que sentimos cuando nos gana el dolor emocional.
Espero que sea de su agrado.
Atrofia
No quiero sentirme así, aunque la melodía sea exquisita. No quiero sentirme así, aunque sea perfecto el sonido que crean esas manos misteriosas. La verdad es que sin saberlo, hiere mi ser. Me lastima, me quiebra, me rompe. No puedo revelarlo, no puedo decirlo, no en voz alta, y me mata.
Acostado en esta cama, mirando al techo, observando líneas grises, nubes que gotean en mi cara. Mis manos entumecidas siguen los movimientos que realiza el intérprete, más me es imposible saber si lo hago bien.
El dolor se intensifica, se hace insoportable. Mi corazón late con fuerza, y las gotas de las nubes grises caen con mayor rapidez. El deseo se hace presente, y mis lados están vacíos. Nadie acompaña a este ser, quien sin saberlo ha de morir solo. Pues es que solos nos vamos a la tumba, solos somos enterrados, y solos hemos de quedarnos.
Una vez ido, una vez solo, una vez… Mis pensamientos vuelan, como las gaviotas en el cielo. Siento la incertidumbre, aunque la sentencia está allí. Posiblemente estoy dramatizando todo, pero mi alma se siente vieja, agotada, rechazada y destruida. La sonata cambia, por un sonido que duele aun más. Dañado, o destrozado, así se llama la obra del intérprete; y la puedo sentir en mis huesos, en mí ser, en mis ojos y en mi garganta cerrada.