—No me mires el culo.
—Sí, cariño.
—No me digas cariño.
—Sí, amor.
—Amor, menos.
—¿No?
—Déjalo, tú estás… ¡mal!
No me gusta ese culo. Demasiado grande. Demasiado bajo.
Pero cuando realiza esa danza rítmica, atávica, de dinámicas imposibles...
No me gusta. Ni siquiera la encuentro atractiva.
Pero cuando viene de aquí para allá. Va. Llega. Sube. Trae. Baja. Deja.
Cuando se agacha. Creo morir…
No la soporto. Maniática. Supersticiosa. Desagradable hasta la náusea.
Pero cuando se enfada. Sus ademanes nerviosos. Su agitación.
Ese voy pero vuelvo para volverme a ir…
No me gusta. No la soporto. Pero ¡Cómo se mueve!
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