Así que el rey Fernando le dijo al Condé Francisco, que si le daba a su hija por esposa, llegarían a una alianza, y el estando de acuerdo, accedió.
Martha:
— Dar a su hija, y la opinión de ella no contaba, que horrible mundo tan cavernícola y medieval, ¿realmente una mujer podría ser entregada así como su fuera un objeto? De paso, digo mujer, aunque en realidad eran niñas las que entregaban, yo realmente hubiera preferido morir a vivir esa desgracia.
—Claro antes se tenía muy malinterpretado eso de que las mujeres son valiosas, por eso es que las veían como si de mercancía se tratase, claro a cambio de sus derechos le daban un valor más alto que cualquier cosa, era tal que podía por solo entregar una mujer unirse dos reinos.
— Pero yo creo que la libertad y los derechos no tienen precio, menos mal que ya hoy no es así, aunque bueno aún hay lugares en donde se ve esto. Que horrible mundo, hasta cuando las mujeres deben ser ignoradas.
— Realmente pensar esto me hace pensar que los hombres siempre serán iguales, es una pérdida de tiempo pensar que alguna vez cambiarán, si desde un principio hubiesen sido conscientes de que no éramos objetos exclusivamente de exhibición o satisfacción, quizás se darían cuenta, pero no es así, el reconocimiento que hoy tenemos lo hemos logrado con años de lucha y esfuerzo, y el hombre nada más existió y ya tiene ese mérito.
— Que miseria y desdicha, realmente somos mejores y simplemente no lo notan, ya estoy harta de tantas protestas, marchas y demás solamente para que se nos reconozca con el mismo mérito que a los hombres.
— Desprecio este mundo tan miserable e injusto, que jamás será capaz de cambiar tal sistema bruto de autoridad machista. No deberíamos de tener que gritar y exhibirnos para ser oídas.
— Pero bueno aquí desde casa nada más puedo esperar a que un día cambie todo, yo voy a levantarme mejor, creo que Juan ya debe tener listo el desayuno.