La victoria del maestro
Están a punto de consumar el hecho que evadió por tanto tiempo. El autocontrol adoptado de las enseñanzas de su maestro empieza a resquebrajarse en él. Siente como hierve la sangre que corre por las venas, le pareció un total despilfarro tantas horas en entrenamiento para someter las apetencias y pasiones a la elevada esfera del espíritu que lo anima.
Los empujones y golpes lo agitan en su interior, e intenta sacar fuerza de donde no tiene. Es obligado a mirar mientras lo torturan. Cada golpe hace que sangre, sin embargo no muestra síntomas de debilidad, ni dolor. La mirada serena, lo detiene.
Los verdugos están encolerizados, nunca han lidiado con la entereza y una voluntad tan férrea. Intuyen que lo destrozarán sin obtener la satisfacción del morbo que desean. Habrán perdido la oportunidad de aterrorizar a los miembros de la congregación. Se dan por vencidos y deciden acabarlo.
El furor lo enciende, al ver al maestro caer muerto a los pies de los viles opresores, quienes no son oponentes si el maestro los hubiera combatido. Entendió entonces el objeto último del entrenamiento. Miró al resto de los condiscípulos. Rostros inexpresivos y serenos presagian que seguirán el sendero del maestro.
Van ahora por él, comprende que la lucha no es contra ellos, sino contra sí mismo. Tiene el poder de aniquilarlos, pero hacerlo lo convertirá en la antítesis de lo que el maestro le enseñó con su propio ejemplo. Una sonrisa deja escapar el brillo de los blancos dientes. Una señal intimidante para los captores, quienes saben que volverán a fracasar.
Fin
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