Puedo imaginar, con detalles,
las corrientosas aguas
de un río en aparente calma;
puedo soñar, con atrevido énfasis,
meterme en las aguas
de un mar embravecido,
pero sería inútil creer que el río,
aunque lo nade a brazos implacables
o que el mar,
aunque lo cruce herido por las olas,
sería inútil, repito, que esos dos colosales,
endemoniadamente peligrosos,
me dieran lo que tienen tus senos:
una muerte heroicamente grande;
autentica dicha para alguien que,
como yo,
ha imaginado, con cuido,
las corrientosas aguas de tu vientre;
que ha soñado, con pausado esmero,
las olas quemantes de tus labios.
¿Cómo no he de morir en tus senos,
si duele lo que imagino hacer con la leche y la miel
que han de tener en su escondido fondo?
Imagen de Vanessa Grimán