En uno de esos días lluviosos, el frío y neblina acompañan mi paseo en un parque que visito a diario, en mis paseos diarios, me permito disfrutar de la naturaleza y de su esplendor, de lo maravilloso de su cobijo y de los múltiples colores que visten su grandeza. Adoro el sonido de los pájaros y su vuelo en plena dicha de libertad, el ver las ardillas como suben y bajan.
En ese día lluvioso, observando y disfrutando de las plantas, me tropiezo con una muy particular, me llamó la atención sus hojas, que de verde se volvían fucsia, es impresionante y maravilloso ver como del verde pasan a rosado suave, luego a un rosado intenso hasta volverse de color fucsia, es un espectáculo maravilloso, luminoso y esplendoroso.
Ante tal espectáculo de colores, surgió un poema como una ofrenda a la esperanza, que nos invita a tener la certeza de que va ocurrir lo que deseemos con todo el corazón.
La esperanza no es verde, es rosada
Como furia salvaje te presentas
luchas por estar allí
cual sol a media noche
que se esconde tras la luna
De refulgente esplendor como el arcoíris
que galopas por los valles de la locura
y aún así avivas el fuego más débil
mostrando que todo a tu paso tiene cura
Oh! Montaña de esplendor rosado
liberadora de ataduras y tropiezos
muestras la certeza de lo luminoso
abrigando el clamor del galope
Quédate manifiesto rosado de amor
protege las ganas de seguir
diluye las briznas sutiles de las dudas
que pueden castrar la certeza del amor
Dibújate amor rosado cual rocío de la mañana
refresca el camino y desvanece el mar de arena
que opaque el brillo de la magia
y de la luminosa experiencia del tesoro
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