Un joven inexperto en el mar decide aventurarse para conocer las virtudes del océano, sin saber manejar un pequeño bote o siquiera nadar, decide así tener sus últimas memorias en el vasto cuerpo de agua donde muchas personas han encontrado la belleza del mundo y donde algunas otras han encontrado su final encontrándose al fondo del desconocido mundo en donde habitamos. Desea que su muerte sea en un lugar donde no se pueda encontrar su cuerpo, donde parezca un accidente y donde tal vez no lo consigan de nuevo.
Pasa meses reuniendo para un bote simple que lo llevara a cierto punto que coloco en el mapa, aprendiendo a manejarlo en las orillas de la playa para no terminar varado y con miedo, desea irse en paz y sin más errores en su vida. No piensa demasiado en el final de su plan, solo piensa en cómo seguir avanzando en cada fase del mismo, eso lo mantiene entretenido, distraído de otras cosas, no le pesan las conversaciones, no le da miedo mirarse al espejo de nuevo, todo es un paso más para su final fijado por él mismo.
Teniendo un calendario de cartón apuntando la fecha que desea hacerlo mientras se consigue en el bote, empapado de agua y con una mirada de indiferencia. Llegando el día, no deja ninguna carta que relate lo sucedido, nadie sabe que tiene un bote que lo llevara lejos de todos, allí donde no se ve siquiera una isla pequeña, donde más daría miedo mirar abajo para aquellos que no tienen la habilidad de mantenerse a flote en el océano o en una piscina más grande que su propia estatura. Es donde decide que su vida llegara a su fin, un lugar que no podrá hacer nada aunque lo intente, un lugar que teme.
Al llegar el día, viaja sin miedo ni preocupación a su destino, habiendo aprendido un poco a leer mapas y a conseguirse a sí mismo en el vasto océano, teniendo como punto de referencia un lugar donde varios peces se reúnen cerca de la superficie del agua. Lanzándose así al mar, girando su cuerpo hacia arriba para poder ver sus últimos momentos con sus ojos, viendo el brillo del sol atravesar el agua dándole una forma de ensueño, allí donde piensa que será su último momento de vida, empieza a moverse en dirección contraria a la que piensa, subiendo y manteniéndose flotando con la panza al aire, teniendo suficiente espacio para agarrar aire.
Viendo el cielo, sintiendo el agua salada, esa que te pica cuando sales, sintiendo los peces tocarle el cuerpo de vez en cuando, allí se queda un largo rato, esperando que se pueda hundir de nuevo, la verdad es que, sin miedo no puedes hacerlo, te mantendrás flotando eternamente hasta que te canses de hacerlo. Fallando su intento, intenta subirse al bote, de una manera calmada por la decepción, busca su calendario arrugado tachando la fecha del día siguiente, mostrando en el calendario que llevaba intentándolo semanas.
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