Estamos siempre ante la sorpresa, a veces siendo víctimas de ella, quizás sin saber más nada: sólo un destino cumplido.
La muerte, dice la sabiduría popular, es lo único seguro que tenemos. Ontológicamente cierto, como nos espetó Sartre. Pero cómo vivirla y aceptarla, pese a esa convicción. Es lo que experimentan, seguramente, gran parte de los seres humanos.
Me incluyo en esa deriva que nos interroga e, incluso, desconoce. ¿Cómo aceptar la pérdida del ser inocente, abriéndose a la vida? ¿O de aquel adulto que, aun entregándose a los otros, con sus tropiezos y desvíos, fue caída trágica?
Parece que solamente nos toca acompañar esa ausencia, y guardarla en el corazón, todavía dolido.
Gracias por su lectura.
