Traer a nuestra memoria afectuosa y literaria al gran maestro de la literatura de habla hispana que fue Luis de Góngora es una tarea que asumo con gratitud. Quien falleciera el 23 de mayo de 1627, merecerá siempre nuestra atención, aun con la complicación que puede contener su poesía, que en mucho ayudó a renovar la poesía moderna (un atisbo del verso libre está en algunas de sus estrofas); no por casualidad los poetas renovadores de la poesía española en el siglo XX lo reconocieron al extremo de que se les conoce como “Generación del 27”.
Va, pues, una microficción construida como si se tratara de un soliloquio del poeta en sus últimos días.
“Príncipe de la Luz” o “Príncipe de las Tinieblas”, no sé a quién se le ocurrió dividirme de ese modo. Hasta llegaron a llamarme el Oscuro. Fui tan claro o tan oscuro como mi escritura lo requería. Aunque quizás algo de oscuridad será necesario siempre en la poesía.
Mi propósito fue darle o devolverle a la palabra la ostentación sensorial, especialmente sonora, e imaginativa que se merece. Por eso volví mis ojos al latín que me proponía esos juegos sintácticos del hipérbaton. Busqué en los sentidos las imágenes y metáforas que sembraran la facultad del desciframiento, pues cierto desvelamiento nos alimenta y fortalece nuestro espíritu. Y fui barroco a toda honra (lo de “culterano” no me gustó mucho). Hay un atractivo en la asimetría y en la dificultad.
Tal vez mi Polifemo, ese monstruo enamorado de la encantadora e inalcanzable Galatea, sea una alegoría de mi relación con la poesía. Después de todo, fui un mundano. ¡Sí, estimable y enemistado Quevedo, tanto como tú! Y me atrajeron los deseos de la carne, como las barajas y los toros.
Y hoy estoy en este estado de enfermedad y pobreza, con mis soledades y eterna Córdoba, hasta convertirme “en tierra, en polvo, en humo, en sombra, en nada”.
Referencias:
https://es.wikipedia.org/wiki/Luis_de_G%C3%B3ngora
Góngora, Luis de (1986). Antología poética. España: Castalia Ediciones.
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