Por ciertas circunstancias, no pude escribir y publicar ayer, como debía ser, este modesto artículo en homenaje al poeta venezolano Fernando Paz Castillo, quien naciera el 11 de abril de 1893. Pero siempre tendrá sentido intentar difundir a un escritor y una obra, sobre todo si se le desconoce.
Fernando Paz Castillo fue uno de los poetas protagonistas de la incorporación de la poesía venezolana en la modernidad. Entre el Modernismo hispanoamericano (el representado por Rubén Darío) y la temprana vanguardia estética, Paz Castillo integró la llamada "Generación del 18", donde la historiografía literaria incluye poetas tan relevantes como José Antonio Ramos Sucre, Rodolfo Moleiro, Enriqueta Arvelo Larriva, Andrés Eloy Blanco, por citar solo cuatro.
Fue un poeta humilde, moderado, nada expuesto a las desmesuras, según lo describen sus biógrafos. Se reconocen cinco libros de poemas: La voz de los cuatro vientos (1931), Signo (1937), Entre sombras y luces (1945), Voces Perdidas (1966) y El otro lado del tiempo (1971).
Por su pertenencia histórico-cronológica, el poeta estuvo influenciado por lo que significó la Primera Guerra Mundial y el tiempo de posguerra. Yo no he vivido algo igual, pero sí cercano (como los hechos de las Torres Gemelas o esta pandemia), y sé los efectos que puede crear en la psicología individual. También está la influencia en lo estético producida por el Impresionismo, y en lo filosófico las incidencias del pensamiento de Nietzsche sobre Dios y de Bergson acerca de la experiencia vital, entre otros.
La obra poética de Paz Castillo, por estar ubicada en ese espacio fronterizo, tuvo un momento muy marcado por lo sensorial, pero ya hacia el final se definirá por una resonancia espiritual (algunos le llaman metafísica, expresión con la que no estoy de acuerdo del todo).
Quisiera alimentar este pequeño artículo con algunas notas, como un fragmento de la carta que le escribiera Pedro Emilio Coll en 1931:
Hace ya algunos años, respiraba yo el aire perfumado de azahar, una mañana de abril, cuando cerca de mí pasó un joven. Su chalina, el gran puro humeante y su rostro pensativo y ligeramente pálido, me hicieron levantar los ojos del libro que leía, a la sombra de un árbol de la Plaza España, en nuestra amada ciudad. Reconocía en el desconocido al que padece y goza de sueños semejantes a los míos (…)
O esta del crítico Oscar Sambrano Urdaneta (citada por Juan Liscano):
La poesía de Paz Castillo ha oteado siempre hacia esa zona oscura, en un intento por penetrarla para experimentarla. Su evolución poética muestra (…) un recorrido que parte del paisaje y que evoluciona hacia contenidos metafísicos: Dios, el alma, la muerte.
Y tomando en cuenta estas opiniones, desde mi lectura de Paz Castillo, quisiera compartirles unos fragementos de su poema "El muro", del libro El otro lado del tiempo:
I
Un muro en la tarde,
y en la hora
una línea blanca, indefinida
sobre el campo verde
y bajo el cielo.II
Un pájaro -en hoja y viento-
ha puesto su canción más bella
sobre el muro.(…)
VI
Acaso tras el muro,
tan alto al deseo como pequeño a la esperanza,
no exista más que lo ya visto en el camino
junto a la vida y la muerte,
la tregua y el dolor
y la sombra de Dios indiferente.XIV
¡EI muro!
Cuánto siento y me pesa su silencio
-en mi tarde-
en la tarde del musgo
y la oración
y el regreso.
Este poema ha sido analizado e interpretado muchas veces. No puedo conocer todas las interpretaciones hechas de él, de modo que quizás pudiera coincidir con algunas. Uno de los aspectos que me atraen de este poema es que el poeta se haya fijado en el muro como imagen. Podría ser una imagen raigal, de infancia, como en muchos de nosotros; bien podría llevar a la imagen del jardín vinculado a la muerte, como en el poema de Juan Ramón Jiménez ("El viaje definitivo"), o también podría ser una referencia (casi premonición) a ese muro que la atrocidad del tiempo contemporáneo creó entre "los ciudadanos del mundo", como le gustaba decir a Rubén Darío.
Los pocos fragmentos que he reproducido son, a mi modo de ver, una manifestación bastante expresiva de la visión del poeta, creo que entre el escepticismo y la verdad, quizás cercana a eso que tan certeramente Unamuno (leído por el poeta, según se sabe) denominó "el sentido trágico de la vida". En los dos últimos fragmentos, podemos advertir una visión "religante" (en el sentido etimológico de "religión"), donde el "muro" es limitación y esperanza.
Puede acceder a una buena selección de la obra poética de Fernando Paz Castillo, incluyendo el poema "El muro" completo, por este enlace.
Referencias:
Liscano, Juan (1973). Panorama de la Literatura Venezolana Actual. Caracas: Publicaciones Españolas.
Paz Castillo, Fernando (1973). La voz de los cuatro vientos. Caracas: Monte Ávila Editores.
Paz Castillo, Fernando (1985). Antología poética. Caracas: Monte Ávila Editores.