El 3 de octubre de 1226 fallecía uno de los santos más queridos de todo el santoral católico: San Francisco de Asís. Pero la Iglesia Católica instituyó su festividad para el 4 de octubre. Son conocidas, en general, sus expresiones de fraternidad hacia la naturaleza y la vida recogidas en Cántico a las criaturas. Una información extensa sobre su vida y obra pueden leerla en la referencia arriba dada. Quise recordarlo y honrarlo en la prosa que escribí anoche.
¿Existe la deseada fraternidad de Francisco de Asís? ¿Adónde pudo haber llegado? ¿Acaso el “hermano” sol, estrellas, luna, tierra, fuego, agua…, es (son) parte esencial asumida por nuestra humanidad? Esa que Francisco quería fuera humilde y sencilla.
El “pobrecito”, sometido a juicios injustos, condenado por la alta jerarquía, no fue una imagen a seguir por los poderosos, del lado que sean. Creo que no lo sigue siendo, ni para muchos cristianos de ahora.
Cercano a la mística (o ya viviéndola), San Francisco —pobre y cotidiano— es lo más próximo a nuestra deteriorada vida, aunque con esperanza.
Su oración a las criaturas, cándida y bella, desconocida por la gran parte de la era tecnológica, seguirá animando nuestras vidas, a pesar de todo.
